Los eclipses
(Versión escuchada en Barrio Santa Anita, Moctezuma, S.L.P.)
Cuando aquí las mujeres están embarazadas se ponen, creo, una llave amarrada con un listón rojo para que no se les eclipse el niño que traen en el vientre. Es que luego sucede que los niños que nacen eclipsados crecen zonzos.
Además, cuando hay eclipse nosotros acostumbramos poner un listoncito rojo en los árboles frutales para que no se merme la planta. Y ya con el cordoncito rojo hecho moñito, la fruta no se empederne. No, el eclipse no pica la fruta, la empederne, la hace dura y se queda verde, no madura.
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(Versión escuchada en Guadalcázar, S.L.P.)
Los eclipses son malos, eso todo mundo lo sabe. Cuando una muchacha que anda encinta sale p'ajuera al momento de que hay eclipse, el muchachito le va salir con la cabeza aguadita, con una manita o con un bracito malo o chueco. La mejor manera de protegerse es quedarse adentro de la casa o debajo de cualquier cobertizo cuando está el eclipse. Pero si por alguna circunstancia la muchacha tiene que andar ajuera, es mejor que se ponga unos seguros en la falda y con eso no le va pasar nada a su bebito que todavía no nace. Es que como nosotros decemos: "El seguro es seguro".
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Independientemente de las muchísimas supersticiones que se han originado en torno a estos fenómenos naturales desde los albores de la humanidad y perviven en la memoria colectiva de la gran mayoría, en el Altiplano es muy fuerte la creencia de que cualquier eclipse, dígase de sol o de luna, afecta a los fetos y a los árboles frutales, como lo leímos en estas dos versiones. Dicha creencia, generalizada en todo el país, es una reminiscencia de tiempos prehispánicos.
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Estas dos versiones de leyendas que se cuentan acerca de los eclipses, fueron publicadas en el libro Mitos y leyendas del Altiplano Potosino. Editorial Ponciano Arriaga, de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, en 2006.

