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La Fiesta de la Candelilla

lunes, 08 de diciembre del 2008 a las 22:01

Una singular tradición de Higueras, N.L.


Higueras es una pequeña cabecera municipal del estado de Nuevo León que vive apaciblemente durante casi todo el año. En fechas especiales, sin embargo, las rutinas se alteran; fechas como suelen ser las vacaciones y las fiestas. Durante la octava de la Virgen de Guadalupe la cotidianidad se ve trastocada sobremanera, y más aún en la víspera del 12 de diciembre, cuando se celebra la muy singular y tradicional fiesta de la Candelilla.

Fiesta de la Candelilla en Higueras - NLEn la tarde del 11 de diciembre el pueblo de Higueras empieza a recibir a cuantiosos visitantes, en su mayoría lugareños que habitan en la ciudad de Monterrey o en poblaciones aledañas. Poco a poco la plaza se va llenando, las calles de los alrededores son cerradas al tráfico vehicular y los juegos mecánicos encienden sus motores. La música se escucha desde cualquier rincón y la gente está ansiosa y a la expectativa. En las calles cercanas a la plaza vemos a varias personas apilando las ramas de la candelilla en espera de que caiga la noche y llegue el momento de encender las luminarias. Al atardecer la plaza luce pletórica. Para esas horas frente a la iglesia ya hay varias pilas de candelilla también. Las campanas doblan anunciando la primera y la segunda llamada. Sin premura todavía, el templo va viéndose más repleto y todos aguardan que la misa inicie. Entretanto, la algarabía en la plaza es incomparable. Los restaurantes ambulantes ya tienen las brasas ardiendo, los dulceros venden sus productos, el globero no puede faltar, los chiquillos corretean, las parejas caminan sin prisa alrededor. Y frente a la iglesia, los matachines, con sus coloridos atuendos, danzan sin parar; la mayoría de la gente los observa con gusto.

A la tercera llamada llega el sacerdote con sus ayudantes. Son casi las ocho de la noche. Para la ocasión vino el obispo de Monterrey. No podía ser menos; esta es una fiesta de gran relevancia. Ya no cabe nadie en el templo ni en el atrio. Los clérigos se preparan para entrar; pero un grupo de matachines, compuesto exclusivamente por mujeres, con una danza les va abriendo paso entre la multitud. Minutos después inicia la solemne misa. Los altavoces se escuchan en la calle, pero la voz del oficiante y los cánticos de los feligreses se pierden entre los sonidos y el ruido propio de la fiesta.

Fiesta de la Candelilla en Higueras - NL 3Una hora más tarde, a eso de las nueve, la misa concluye. Toda la gente sale del templo, detrás de las matachines y los sacerdotes. Ya en la calle, el obispo bendice las pilas de candelilla, también llamadas luminarias, una por una con agua bendita. Las campanas repican sin cesar. Está a punto de dar inicio el evento cumbre de la fiesta: la quema de la candelilla.

Pero ¿qué es la candelilla? ¿Cuál es el origen de la fiesta? Veamos: La candelilla (Euphorbia cerifera) es una planta herbácea que pertenece a la familia de las Euforbiáceas y crece de manera silvestre en las zonas semidesérticas del norte y noreste del país. Aquí en la región de Higueras solamente la utilizan para esta fiesta en particular, aunque tenemos información que en otras partes del Noreste se toma hervida en té contra problemas urinarios, y también se aplica como emplasto para bajar la inflamación renal. Por tratarse de una planta con alto contenido de cera, su uso medicinal interno debe realizarse con ciertas precauciones, sin embargo, para su uso tradicional en esta festividad resulta excelente porque la cera misma es muy inflamable.

Ahora bien, en cuanto a sus orígenes resulta difícil determinar desde cuándo inició esta celebración. El señor Artemio López, oriundo de Los Herrera (la tierra del connotado Piporro), nos cuenta que su suegro (originario de Higueras) nació en 1886 y decía que cuando estaba chiquillo ya existía esta tradición. Sin embargo, ya como festividad pagano-religiosa y la consabida feria fue instituida por un lugareño, el Sr. Leopoldo González, a mitad del siglo XX. Entonces, al parecer esta Fiesta de la Candelilla es inmemorial y existen varias versiones, como nos explica el investigador Cristóbal López. Una de ellas afirma que la trajeron los primeros conquistadores españoles que se arraigaron en esta región. Otra argumenta que no es tradición española, sino que se trata de una costumbre de los indios que habitaban las zona, los aiguales, una de las varias tribus que recorrieron estos parajes y tuvieron como vecinos a los gualeguas, a los catujanos, a los guajolotes y muchos otros grupos nómadas cuyos nombres se han perdido en el río del olvido. Asimismo, existen otras versiones como, por ejemplo, aquella que asegura ser una tradición de origen judío sefardita. Y como es de esperarse, no falta quien contradiga esta versión aduciendo que si algo tiene que ver con los judíos es que haya sido un evento reiterado que surgió durante la Inquisición, pues en aquella época, como es sabido, los judíos o los judaizantes eran quemados en leña verde, y qué mejor que la planta de candelilla para ello.

Como decíamos, para esta celebración se hacen varias pilas de ramas de candelilla, de aproximadamente dos metros de alto cada una, tanto enfrente de la iglesia como en las calles aledañas. Y bueno, de acuerdo con los lugareños, existe un rito específico para traer las ramas de esta planta previo a la festividad. En primera instancia, la persona -normalmente hombres- tiene que ir a los cerros a cortar la candelilla y cargarla en sus hombros hasta regresar caminando al pueblo, a guisa de penitencia. Asimismo, se supone que hay que trozarla con las manos o con los pies, jamás con machete o cualquier herramienta porque, según la tradición, si así lo hacen no arderá la noche de la fiesta. Sin embargo, hay quienes argumentan que esto es una simple creencia aunque, de todos modos, y por si acaso, prefieren mantener la costumbre de cortarla con sus manos y cargarla en sus espaldas y nunca en vehículos motorizados, carretas o lomo de bestia. Por otra parte, hay una creencia que dice que la persona que corta la candelilla se gana indulgencias.

Al momento en que el obispo termina de rociar el agua bendita sobre las pilas frente a la iglesia, da una señal y se retira. Entonces algunos hombres mayores se aproximan con cerillos o encendedores y tratan de prender la candelilla. Resulta en verdad impresionante advertir cómo surgen las flamas de inmediato, sin necesidad de papel o combustible. En cuestión de segundos las pilas empiezan a arder dando inicio a las luminarias; el chisporrotear del fuego inunda el ambiente, las flamas se levantan, las chispas brincan y el humo sube a los cielos. Todos los espectadores, delimitados por una valla colocada ex profeso a todo el derredor, comienzan a dar pasos hacia atrás. El calor se torna insoportable. La vista es fantástica, ¡inolvidable!

Algunos lugareños, quienes toda su vida han presenciado esta celebración, nos cuentan que la candelilla es tan inflamable que ni siquiera en ocasiones que ha estado lloviendo ha dejado de arder. "Siempre prende", nos dice doña Cuca y añade, "nunca falla, y las únicas veces que ha fallado es porque el que trajo su pila la cortó con machete o no se la trajo a cuestas. Es por eso que no se permite que apilen candelilla mal cortada".

Fiesta de la Candelilla en Higueras - NL 2A una fiesta de estas características no pueden faltar los matachines. Para la ocasión han venido dos grupos de sendas partes del estado. Uno de ellos, Danza Santa Elena, radica en el vecino poblado de Zuazua -aunque la mayoría de sus integrantes son originarios de Zacatecas.

Carlos Herrera, líder del grupo, nos explica los dos tipos de tocado que utilizan en su indumentaria. A uno le llaman «cresta de gallo» y al otro «papalote» (que en algo se asemeja al de los voladores de Papantla). Ellos, como grupo, suelen asistir a cualquier fiesta que los inviten. Siempre se hacen acompañar por dos músicos que van con tambora y violín. Por su parte, Rito Herrera, el tamborilero, nos comenta que la música que tocan es tradicional y se la van enseñando de generación en generación. Dice también que esto lo hacen por gusto, por devoción, y como pago reciben, por cuenta de la iglesia, una gratificación con la cual cubren sus gastos básicamente.

El otro grupo de matachines, Ángeles de María, conformado exclusivamente por mujeres, es de San Pedro Garza García, municipio conurbado con Monterrey. Todas ellas pertenecen a un apostolado y también participan en cualquier fiesta cuando reciben una invitación. El atuendo que visten es todo de color blanco, incluyendo el penacho. En la imagen principal, que va sobre la espalda, aparecen los símbolos de María, es decir, las 46 estrellas de su manto, la flor del rostro corazón que trae el vestido de ella, la flor de los cuatro pétalos, el Juan Diego con el manto que, por un lado, significa el cielo y el vestido que, por el otro, significa la tierra. En otras palabras, Juan Diego simboliza el ángel que está uniendo el cielo con la tierra.

Todas las danzantes de este grupo traen en sus manos los rosarios que la madre María les pide que recen: los misterios gozosos, los dolorosos y los gloriosos, además del rosario de las lágrimas de María. A decir de ellas, su traje es evangelizador porque anteriormente ellas utilizaban un atuendo con grecas mexicas o aztecas, hasta que decidieron cambiarlo por éste, el cual sirve para evangelizar. Los penachos que lucen sobre sus cabezas, también llamados coronas, son de pluma de guajolote, aunque originalmente eran de pluma de gallina. Las integrantes de este grupo, aparte de sentir la devoción de participar en este tipo de fiestas, dicen estar muy orgullosos de haber sido invitadas a danzar en el Vaticano para el Papa y en la plaza de San Pedro misma. A diferencia de la mayoría de los grupos de matachines, estas mujeres aprenden las pisadas mediante una coreografía.

Fiesta de la Candelilla en Higueras - NL 4En pocos minutos las luminarias se van convirtiendo en brasas y cenizas. Es el momento de los juegos pirotécnicos. Los cohetones surcan los cielos y estallan en mil colores y luego se enciende el castillo. El olor a pólvora inunda el ambiente. Rato después, mientras las matachines se retiran, la gente hace lo propio, pero no es hora de irse todavía.

Todos buscan dónde cenar. Restaurantes ambulantes hay, pero encontrar una mesa disponible es la cuestión. Hay comida para todos los gustos, pero los platillos elaborados a base de cabrito, como al pastor, la fritada y los machitos son la especialidad. ¡Una delicia!

La fiesta prosigue con un baile popular en la plaza misma. La gente disfrutará del zapateado y el taconazo, al son de un grupo norteño o «fara-fara», hasta que sean casi las doce, cuando todos se unirán al canto de las mañanitas a la Virgen de Guadalupe.

Como hemos visto, la Fiesta de la Candelilla no es una fiesta común y corriente. Para la ocasión todo mundo viste sus mejores atuendos, sin faltar el muy norteño sombrero en los hombres. Es una celebración que mezcla lo pagano con lo religioso, la cual ha fusionado la creencia de dos o más culturas y ante el fuego revive un sentimiento ancestral y primigenio del ser humano.

¿Dónde se ubica Higueras?

  • Se encuentra al norte Monterrey. Puedes tomar la carretera al aeropuerto y seguir rumbo a Miguel Alemán, Tamps., hasta encontrar el entronque a Marín e Higueras a la izquierda. O bien, irte por la salida a Laredo, Tamps. y antes de tomar la autopista de cuota desviarte a la derecha para pasar por Zuazua y Marín antes de llegar a Higueras.
  • Los servicios en esta población son muy limitados -salvo la venta de comida durante las fiestas.

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Este artículo lo escribí originalmente para la revista México desconocido y fue publicado en el mes de diciembre de 2001, en el No. 298.

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Leyenda de los huehues: un legado de Xantolo

lunes, 27 de octubre del 2008 a las 20:19

(Leyenda escuchada en San Vicente Tancuayalab, S.L.P.)


Huehues: danzas huastecasExisten muchas versiones sobre el origen de las danzas de los huehues. Por un lado, algunas apuntan que surgieron gracias a las tradiciones tének, pero otras afirman que es legado azteca cuando éstos conquistaron y subyugaron a la Huasteca. Sin importar cuál historia sea la correcta, lo cierto es que quienes las ejecutan están seguros de que sus danzas son anteriores a la llegada de los aztecas y, por lo tanto, son parte de su cultura ancestral, aunque ésta haya sufrido sincretismos.

Cuentan en San Vicente Tancuayalab que la tradición comenzó hace muchísimos años, un día en que se celebraban las fiestas de Xantolo y todo mundo andaba triste en el cementerio dejándoles ofrendas a sus difuntos -el aspecto de los panteones de aquellos tiempos era diferente al de ahora, pues no había cruces ni imágenes cristianas. La costumbre era sentir tristeza y llorar a los difuntos en su día; todos la seguían cabalmente.

Se dice que en esa ocasión, de la nada apareció un espíritu enmascarado que se puso a bailar entre las tumbas. Como la gente era muy supersticiosa y tenía muchos miedos, todos corrieron a sus casas y fueron a buscar al sacerdote -chamán tének- para contarle acerca de tal aparición y pedirle que hiciera un ritual para que con eso el ánima chocarrera mejor se fuera a otra parte y no los siguiera asustando. El sacerdote se dirigió al panteón, acompañado de los lugareños, y descubrieron que el enmascarado continuaba bailando alegremente entre las tumbas. Entonces, el sacerdote le preguntó: «¿Quién eres? ¿Qué quieres aquí?» El ánima respondió en lengua tének y así estuvieron hablando por un buen rato, mientras la gente seguía atenta el curso de la conversación. Luego, el misterioso enmascarado pronunció unas palabras en una lengua que nadie entendía, salvo el sacerdote, quien sí comprendió el mensaje, y luego trasmitió a los suyos. Les dijo: «Este ser es el espíritu del mismo Xantolo que quiere enseñarnos cómo honrar a nuestros muertos con estas danzas».

Los huehues: danzas huastecasLa gente se mostraba escéptica y pensó que a lo mejor se trataba de un chistoso que andaba jugándoles una broma. En eso, y de nueva cuenta, Xantolo dijo unas palabras en aquel lenguaje desconocido y aparecieron más ánimas igualmente enmascaradas que también se pusieron a bailar como si todo fuera una fiesta, y no un día para sentir y expresar tristeza. A partir de entonces, se corrió la voz por todos los pueblos de las huastecas, potosina y veracruzana, y la gente ha seguido la tradición de organizar danzas con huehues enmascarados que bailan en las calles y en los panteones con singular alegría para divertirse, en vez de sumergirse en un momento de llanto y amargura.

Cabe mencionar que en la parte correspondiente al estado de San Luis Potosí a esta tradición le llaman «huehuadas», mientras que en la de Veracruz, «viejadas», pues son huehues disfrazados de mujeres. Asimismo, se cuenta que las máscaras de diablos surgieron con la religión católica, pues estos ángeles caídos pertenecen al catolicismo, no a la cultura tének. Aunque la cosmogonía ancestral de los nativos incluye demonios, antiguamente no eran ni rojos ni tenían cuernos.

Por último, la tradición de los huehues indica que luego de varios días de danzar en las calles, hay que terminar la Fiesta dedicada a Xantolo bailando en el panteón, pues fue así como empezó la costumbre, pero igual lo hacen porque los tének desean compartir esta alegría con sus antepasados, a quienes también les gustaba bailar.

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Para saber algo más sobre San Vicente Tancuayalab:

Cuando los misioneros franciscanos fundaron este pueblo, en 1545, lo llamaron San Francisco Cuayalab. En el año de 1767, al ser ascendido a villa, se le conocía como Villa Fundadores San Vicente. Mucho tiempo después, recibió el título de cabecera municipal, ya con el nombre actual.

Sus nombres históricos tienen varios orígenes: Cuayalab o Tancuayalab, porque así lo llamaban los nativos tének, en cuya lengua significa «lugar del bastón de mando»; San Francisco, porque es el fundador de la orden, y San Vicente, por ser el patrono de la localidad, aunque la fiesta «patronal» se celebra el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís.

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Mitos, relatos y leyendas de San Luis PotosíEste relato salió publicado en el libro: Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, en 2007 por la Secretaría de Educación y la Secretaría de Cultura, y la edición estuvo al cargo de la Mtra. Déborah Chenillo Alazraki, entonces Directora de Publicaciones.

Si les interesa leer una descripción de estas fiestas en la Huasteca veracruzana, visiten:

http://xpresandote.com/2008/10/29/huehuadas-y-viejadas-tradiciones-huastecas/

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Mitos y leyendas de Tamaulipas: El dinero enterrado causa ceguera

miércoles, 22 de octubre del 2008 a las 03:01

El dinero enterrado causa ceguera

(Sucedido en Las Auras, municipio de Guerrero, Tamaulipas)

Aquí por estos rumbos hay munchas pláticas de tesoros; tesoros que han sacado y tesoros que no han sacado, ¿eh? Pero munchas gentes que saben dónde mero hay un tesoro enterrado mejor ni l'entran porque saben qu'el dinero enterrado está envenenado y hasta deja ciega a la gente.

Mire, yo sí conocí a una señora que se quedó ciega porque sacó un dinero. Dicen que se quedó ciega porqu'iba ella y el esposo p'al rancho, a caballo, y entonces a la orilla del camino vio la lumbrada y se dejó caer muy valiente. "Vente", le dijo al hombre, "no tengas miedo, chin..." y lo sacaron el tesoro ése. Valiente la vieja ésa, pero luego, al ponerse a lavar las monedas allá en su casa, dicen que parece que los vapores se le vinieron a la cara y se quedó ciega. Yo la conocí, era de allá de Las Auras, Tamaulipas, como a unos 40 kms de aquí -está retiradito-.

Mire, déjeme explicarle cómo está la cosa: ellos encontraron ese dinero porque antes la gente enterraba los dineros a la orilla del camino. Por decir que los venían siguiendo, un enemigo o alguien que los quería robar, entonces enterraban el dinero y le seguían, y el dinero ahí se quedaba. Imaginémonos que a lo mejor los enemigos les daban alcance más adelante y los mataban, pero no se quedaban con el dinero. ¿Cuál, si ya lo habían enterrado, eh? O si no les daban alcance, comoquiera no le decían a nadie dónde lo habían enterrado y por eso todavía hay muncho dinero enterrado en las orillas de los caminos.

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Esta historia me la contó el Sr. Miguel Ángel Rivera, un comerciante que radica en Parás, Nuevo León.

Sobre el Niño Fidencio: Palabras de una "cajita" fidencista

jueves, 16 de octubre del 2008 a las 02:39

Entrevista con doña María Elena Flores Santa Cruz, "cajita" de San Luis Potosí

"Desde los cuatro años empecé a curar. Sufría de ataques y miraba cosas, pero sólo las cosas buenas. Era huérfana y vivía en casa de unos tíos. Si salía a la calle, siempre me perdía, por lo que ellos siempre estaban preocupados por mí. Tuve muchas etapas en mi vida, no tuve una vida fácil; fue muy dura. Por ejemplo, hubo un tiempo de niña que cualquier comida me hacía daño, por lo que solamente podía comer zanahoria, lechuga y una papa al día. Así duré todo un año. Entonces mi piel se empezó a ponerse como de cartón y me puse muy mala. Pero así como con muchas otras enfermedades horribles que sufrí, ésa se me quitó de repente. Duraba como tres meses enferma, sin poderme levantar de la cama y ya ni los médicos me daban muchas esperanzas, pero como le digo, de repente me curaba. Andaba bien por un tiempo y luego me enfermaba de otra cosa. Cuando estaba bien, mis tíos me llevaban a la iglesia pero siempre me 'iba'. Sí, mi mente se iba y no reaccionaba sino hasta tiempo después. Luego, ya de grande, me metieron a un convento, pero duré muy poco, pues las monjas no me quisieron ahí. Ellas me dijeron que mi misión estaba en el mundo, que yo tenía el don de curar gente y que era mejor que saliera para cumplir con lo mío. No me dio tristeza ni nada. Al salir del convento me encontré con una piedra redonda llena de guirnaldas. Me le quedé mirando fijamente y vi un camino lleno de flores donde al final había una figura que no supe qué era. Ya no volví a la casa de mis tíos, me fui a vivir sola y pasé mucha pobreza y al poco tiempo me casé. Un día alguien me habló del Niño Fidencio y me mostró una fotografía de él, y supe que ése era mi camino. Vine aquí a Espinazo y de inmediato me convertí en cajita. Ahora atiendo a muchísimas personas allá en San Luis, que vienen a verme de muchas partes. Y le voy a decir una cosa, algunos médicos de San Luis me han pedido que atienda a ciertos pacientes que ya están desahuciados por la ciencia, y en la fe fidencista han encontrado alivio a sus pesares".

El Niño Fidencio

lunes, 13 de octubre del 2008 a las 23:13

El Niño Fidencio

El límite entre la fe y el fanatismo

 

Niño Fidencio, tumba"Ya me voy, pero volveré, y nadie sabrá en quién" -dijo el Niño Fidencio al morir.

"Son muchos los llamados y pocos los elegidos" -claman sus seguidores.

Estamos en Espinazo, municipio de Mina, Nuevo León, un rincón del estado, un lugar donde la pobreza es notoria, donde el progreso nunca puso sus ojos; un lugar olvidado por los prodigios de la naturaleza. Tierra yerma, semidesértica, escasa de agua. El viento es fuerte y levanta el polvo blancuzco que nos llega directamente a los ojos, el calor aún se siente, aunque ya estamos en una buena época del año. El verano fue infernal.

Hay alegría en el ambiente; en pocas horas el pueblo será una verdadera romería. Los vendedores llegaron desde días antes, los puestos se ven repletos de figuritas, estampitas, oraciones y otros motivos religiosos de parafernalia fidencista; hay también vendimias de alimentos: rústicos restaurantes que básicamente ofrecen carnitas de todo tipo. No se perciben los olores porque el viento se los lleva y el polvo entorpece los sentidos. Los puestos de música tienen las bocinas a todo volumen, música muy variada, pero sobresale la de alabanzas y cantos al Niño Fidencio, ya sea en cumbias, redovas, rancheras o corridos. Y como buena temporada de ventas, no pueden faltar los puestos de dulces, fayuca o "chinaderas" y baratijas como relojes, muñecas, pulseras, carritos, globos, etc. La fiesta ha comenzado...

Niño Fidencio, peregrinos"Niño Fidencio, llegan de rodillas,

Todos tus hijos a ver maravillas,

Venimos tus hijos a felicitarte,

Toditos tus hijos piden curación,

Niñito Fidencio danos el perdón,

Danos tu perdón.

Tu nombre es Fidencio y no hallo qué darte,

Venimos tus hijos a felicitarte..."

Cantan una y otra vez las personas que conforman un grupo que ha venido de lejos. Ellos llegaron en la mañana y se quedarán hasta el día que la fiesta haya terminado. Dan vueltas una, dos y tres veces al Pirulito, y finalmente se meten por la pequeña puerta para seguir cantando frente al altar. El Pirulito es un árbol cercado donde se dice que Dios habló tres veces al Niño Fidencio, dándole el poder de curación; es el lugar más simbólico de Espinazo.

En la habitación del altar hay una cajita* que está curando a un feligrés, mientras otros esperan su turno. La cajita es una mujer vestida de blanco. Vemos ahí a un hombre, o tal vez mujer, que yace en el piso, cubierto con una tela verde y un crucifijo sobre el pecho. Esa persona también está siendo curada.

Hay fe. La gente tiene fe en el Niño Fidencio, tiene fe en su divino poder de curación, y ha venido de diversas partes de México y los Estados Unidos para compartir ese sentir con los demás. Hay armonía, todos hablan o buscan entablar conversación con los extraños, porque saben que hay algo que los une, que tienen algo en común.

El Niño Fidencio

Niño Fidencio¿Pero quién fue el Niño Fidencio, un hechicero, un santo, un místico, curandero, médico o charlatán? Dejemos que sea doña Fabiola, hermana adoptiva del Niño Fidencio, quien vivió de cerca la época dorada cuando el Niño estuvo en la tierra, que con sus palabras nos lo explique:

"Mi padre estaba en la guerra de la Revolución y cayó herido aquí en Espinazo. Entonces encontró trabajo en la hacienda de un alemán (Theodor Von Wernich). Ese señor era muy rico y tenía todas las tierras de por aquí, pero con la Revolución se acabó todo aquello. Ya establecido mi padre aquí en Espinazo, se casó y empezó a tener familia. Fue cuando se trajo a Manobile (apodo que le daban a Fidencio sus hermanos adoptivos) pues él era huérfano desde chiquito. Manobile se crió con sus abuelos allá cerca de Celaya, Gto.

"El Niño tenía grandes dones y facilidades para hacer el bien; al llegar a este lugar empezó a curar. De un vistazo él sabía qué mal tenía tal o cual persona.

"Al principio mi padre no aceptaba que Fidencio hiciera curaciones porque creía que no estaba bien todo eso y que no era cosa de Dios, pero con el tiempo se adaptó y hasta lo alentó a que siguiera haciendo lo suyo", concluye sus recuerdos doña Fabiola.

Todo mundo en Espinazo conoce la historia, aunque le dan ciertas variantes. "Fidencio fue huérfano de padre y madre", oímos decir a otra persona. "Sólo con Dios se quejaba de sus amarguras y a él le compartía sus alegrías. Su cuerpo no se desarrolló normalmente, por eso se le conocía como ‘Niño'. Pero su espíritu creció en sabiduría e inteligencia, entregándose a los demás por órdenes de su Padre".

Unos dicen que fue el alemán Von Wernich quien dio fama al Niño Fidencio como agradecimiento por las curaciones que recibió de su parte. Este alemán mandó publicar en periódicos nacionales y de los Estados Unidos lo milagroso de la medicina del Niño, y a partir de entonces empezó a llegar más y más gente en busca de alivio o por simple curiosidad.

Sin embargo, es un hecho histórico el que da gran fama al Niño Fidencio cuando en una visita por el estado de Nuevo León, en 1928, el Presidente Plutarco Elías Calles fue a verlo y fue curado de "algo". Como regalo, el Presidente dio un maletín de médico a Fidencio. Ese hecho cubrió las principales columnas de la prensa y los resultados fueron asombrosos. La muchedumbre comenzó a llegar, unos para quedarse.

Se dice que el Niño Fidencio murió de fiebre hepática producida por la anemia, pues, al parecer, casi nunca comía porque no tenía tiempo, ya que se la pasaba todo el día atendiendo a sus pacientes. Sin embargo, hay que mencionar que también ha habido y hay muchas personas que atacan abiertamente a este movimiento fidencista, aduciendo que el Niño Fidencio murió de fiebre hepática producida por alcoholismo, pues siempre desayunaba huevos con un vaso de vino y que además todo de lo que él se habla son mentiras creadas por un grupo de gente que han encontrado en el fidencismo un negocio muy lucrativo.

Así como muchos tuvieron la buena fortuna de recibir alivio a sus males por parte del Niño Fidencio, otros no corrieron con la misma suerte. Según palabras del delegado de Salubridad, publicadas en un periódico de Monterrey en 1930 después de una visita oficial, el panteón de Espinazo era mudo testigo de todas aquellas personas que murieron ahí mismo, contándose hasta cerca de mil tumbas entre los años de 1928 y 1930, número mayor a toda la mortandad del vecino municipio de Hidalgo, N.L. en esos años. Además, el delegado agregaba que muchas de esas muertes fueron quizás producto de enfermedades contraídas ahí mismo debido a la aglomeración y falta de higiene.

La historia es confusa. Los allegados al fidencismo dicen una versión distinta a la de los historiadores. Según éstos, el Niño Fidencio llegó a Espinazo a la edad de 23 años, después de haber trabajado, junto con un hermano, de cocinero en varias partes, incluyendo Yucatán. Dicen, además, que entre los años 20 y 30 él fue figura central en cuestiones de curanderismo en el noreste de México, pero que su manera de curar era nada ortodoxa, pues los métodos más practicados era arrojar frutas y huevos a los enfermos, así como mecerlos en un columpio, aduciendo que el dejar de tener contacto con la tierra los aliviaba; aparte, siempre recetaba gobernadora (hierba silvestre que crece en la región, la cual en altas dosis es muy tóxica). También dan como dato que en 1930 Espinazo tenía 1184 habitantes, llegando a ser hasta de 10,000 su población flotante durante las fiestas, mientras que algunos fidencistas aseguran que la población del poblado llegó a ser hasta de 30,000 habitantes.

El fidencismo

Mina, N.L.Volvamos con doña Fabiola para que nos explique qué es el fidencismo:

"Hay dos facetas muy marcadas en este camino: El Niño Fidencio y el fidencismo. La faceta del Niño Fidencio fue real. Él vivió, era material. Curaba sin trance y sin herramienta médica. Desde pequeño era partero, ayudaba a las mujeres a que dieran a luz a sus bebitos. Hacía operaciones, transfusiones de sangre, recetaba yerbas, y eso que nunca estudió nada ni leyó libro alguno. Era muy versátil, pues un día andaba vestido de calzón blanco y huaraches y al otro día podía andar de frac y bombín inglés; un día se ponía los hábitos y otro andaba vestido de charro. Tenía mucho carisma con toda la gente, nunca tuvo enemigos y todos lo querían porque a todos ayudaba. Él siempre fue soltero aunque sí enamoró a muchas mujeres muy ricas de México. Pero como era muy derecho, siempre les dijo que su misión no era entre el matrimonio y los placeres, porque él estaba entregado al Señor nuestro Dios y no podía aceptar lujos ni vivir una vida normal.

"La faceta del fidencismo nace desde el mismo momento en que el Niño está tendido junto al Pirulito y todavía no le dan sepultura. En eso, una persona entra en trance y habla con la voz de Fidencio, diciendo: "Yo les dije que me iba y volvería, y aquí estoy de nuevo". Muchas personas habían pensado que él iba a resucitar, pero cuando lo oyeron hablar a través de alguien supieron que ya estaba de vuelta. Y desde entonces son muchos los que han vivido el trance fidencista.

"El fidencismo es una fuente de fe que dignifica la verdad y atrae cada vez más gente. El fidencismo es la continuación de su trabajo, desde el mismo momento que él deja la vida terrenal. Al principio, se tomó al movimiento como superchería e ignorancia, pero poco a poco los incrédulos se fueron convenciendo de la realidad de todo esto", concluye.

Así como ella, hay muchas otras personas que dan su punto de vista sobre el movimiento: "El fidencismo es católico, Fidencio era católico, pero la iglesia no acepta las curaciones del Niño. Ellos creen que hay espiritismo de por medio. Nuestra fe está dentro de la religión, y esa fe es una mezcla de Cristo y Fidencio, como si él fuera un santo más de la iglesia", explica un feligrés. "El fidencismo es un fenómeno de fe que va creciendo sin invitación ni membrecía. Hay como unas 200 o 300 materias (miembros) activas en el movimiento, pero cada día son más las personas que encuentran en lo nuestro la verdad, y sin necesidad de alejarse de la iglesia católica", añade otro.

Al igual que en otros centros de peregrinaje de México, en Espinazo uno encuentra infinidad de gente amable y ávida de mostrar a los demás algunas de las cosas que ahí suceden. Una muchacha joven se acercó a nosotros y, tras identificarse, nos explicó que ella venía de San Antonio, Texas porque su madre se había convertido en cajita hace algunos años. Y siempre la acompaña cuando siente la necesidad o el llamado de regresar a Espinazo.

Ella nos llevó al lugar donde su madre se encontraba, asegurándonos que podríamos conseguir una entrevista con ella, pues siempre es más ilustrativo hablar con alguien que vive de cerca el movimiento. Llegamos a una pequeña habitación donde había varias personas reunidas; nadie puso objeción a que entráramos y presenciáramos el ritual de curación que se llevaría a cabo minutos después. Agradecimos la invitación y tomamos asiento. Había mucha cordialidad entre los presentes y nos enteramos que cuatro de las mujeres eran cajitas, pero que en esta ocasión sería Ana María, una mujer que vive en Monterrey, la elegida por el Niño para manifestarse. Las otras tres mujeres nos hablaron sobre la vida del Niño y muchos de los milagros que ha hecho.

El ritual

Niño FidencioDe pronto, Ana María interrumpe nuestra plática y dice que es momento de iniciar el ritual. Las otras cajitas le ayudan a ponerse el hábito, que es de color blanco con vivos dorados. Después, con mucha solemnidad, ella se pone una gorra blanca con banda púrpura. Finalmente, le ponen sobre el hábito blanco una túnica púrpura con vivos plateados. Da media vuelta y se para frente al altar, alza los brazos, respira varias veces fuerte y profundo hasta que casi pierde el equilibrio. Una cajita la detiene por la espalda y la ayuda a mantenerse firme de pie. Ana María se da la media vuelta y se enfrenta a los presentes. Su rostro ha cambiado poco, no hay tal transformación como se nos había dicho, pero su voz es distinta, más pausada y clara. Sus ojos están y siempre permanecerán cerrados hasta que finalice el trance. Todos los presentes descruzan sus pies y nos piden a nosotros que hagamos lo mismo, pues si alguien tiene los pies cruzados, la comunicación con el Niño Fidencio podría verse con interferencia.

El Niño, manifestado en Ana María, se dirige a una de las cajitas que está más cerca de él, la saluda diciéndole: "¿Cómo está madrinita? ¿Qué hace por aquí? ¿Qué me trae de nuevo?" Y ésta responde a las preguntas. En su mano derecha él lleva un crucifijo de metal y pide a otra de las cajitas que le consiga un Cristo de madera; ésta no está de acuerdo y dice que el de metal es suficiente, el Niño dice que no, que quiere uno de madera y que se lo traiga de inmediato. Cuando la otra sale, el Niño dice como en broma que ha enviado a esa cajita por el Cristo porque sabe que es una penitencia para ella. Todos los presentes ríen.

"¿Y qué andan haciendo ustedes por aquí?", pregunta el Niño, y una cajita (de San Luis Potosí) responde que ha venido a saludarlo, pero el Niño hace de nuevo la pregunta y la cajita nos dice que él se está dirigiendo a nosotros. Mi compañera Laura y yo respondemos que queremos hacer sendos reportajes sobre el Niño Fidencio. "Bueno, entonces pueden preguntar todo lo que quieran", nos dice, "que al cabo yo no tengo nada que esconder. Aquí se habla con la verdad".

Después de una serie de preguntas, cuyas respuestas en parte sacian nuestra curiosidad, y ya cuando la otra cajita ha regresado con el Cristo de madera, el Niño pregunta que a quién va a curar. Pero antes de empezar, de una bolsa de plástico saca unas bolsitas rojas de tela que traen pegadas una fotografía del Niño Fidencio y las reparte entre los presentes. A mi compañera le dice que no la vaya a tirar. Acto seguido, una mujer pasa para ser atendida de sus males. El Niño se restrega agua perfumada en las manos. El aroma es penetrante y cubre todo el recinto. De otra bolsa una de las cajitas le pasa al Niño un huevo de gallina, chile ancho y dos limones, él los toma en sus manos, los alza al cielo e inhala fuerte. Entonces se encara a esa mujer y la saluda, preguntándole que qué la ha traído por aquí. La mujer le dice que ha ido a verlo porque ha estado mala durante los últimos meses y espera tener alivio a sus problemas. "No se apure, madrinita, con la gracia de mi padre usted quedará curada", le dice el Niño, y empieza a restregar el huevo, el chile y los limones por todo el cuerpo de la paciente. El Niño casi no dice palabra durante el corto proceso de curación o limpia, pero una de las cajitas interrumpe y le pregunta que si desea que recen mientras hace la curación, el Niño responde afirmativamente y las otras tres cajitas empiezan a rezar. Después de haber pasado los elementos de curación por todo el cuerpo de la mujer, el Niño utiliza su túnica para dar una pasada final, dando especial atención a ciertas partes del cuerpo (una de las cajitas nos dice que son las partes más afectadas de la paciente). A continuación, utiliza el crucifijo, pasándolo también por todo el cuerpo, mientras dice algunas palabras apenas audibles. Para terminar, le da a la mujer unas palmadas en el corazón y le da órdenes sobre qué cosas tiene que tomar para aliviarse completamente. Alcancé a escuchar la palabra "gobernadora".

Después de esa primera paciente, el Niño atendió a otros tres, siguiendo casi el mismo ritual, siempre preguntando cuál es la aflicción y recetando gobernadora y otras hierbas.

Cuando terminó con todos, el Niño preguntó si no había alguien más que quisiera ser curado, y como no tuvo respuesta, él se dirigió a una de las cajitas diciéndole: "Ellos no, ¿verdad?" -refiriéndose a nosotros-, a lo que la cajita respondió negativamente. Sin embargo, el Niño se nos acercó, se restregó agua perfumada en sus manos y las pasó sobre nuestras cabezas, diciendo que con ello podríamos escribir un buen reportaje sobre él.

Al concluir el ritual, las cajitas nos pidieron que reanudáramos nuestras preguntas, pero en eso empezaron a llegar muchas personas, entrando por las dos únicas puertas del cuarto, y todo se tornó en una romería. El Niño continuó haciendo curaciones a todos los que llegaban, y nosotros nos sentimos en libertad de tomar fotografías, sin que nadie se sintiera molestado u ofendido. Después de terminar con el último paciente, el Niño se dispuso a bendecir unos lazos y unas telas que alguien trajo ex-profeso, y el trance terminó».

Frases dichas por el Niño Fidencio a través de la médium durante el trance

En la serie de preguntas que fuimos haciendo conforme avanzaba la plática, era siempre la manifestación del Niño Fidencio la que hablaba, mientras que las otras cajitas guardaban reverencial respeto, aunque éstas algunas veces mencionaban algo, como para corroborar lo dicho o hacer preguntas también.

"Padrinitos, ya les contaron la historia del Pirulito, ¿verdad? Pues sí, ahí se me apareció mi padre tres veces, me habló y me dio el poder de curación".

"¿Y ya les hablaron de La Dicha? La Dicha es un lugar en el cerro donde yo tenía leprosos, ahí los curaba y alimentaba hasta que sanaban".

"En el Corral atendía a los enfermos mentales, que eran muchos".

"Sí, el Cerro Campana era mí centro de oración. Me sentaba en una piedra y ahí entregaba mis sufrimientos al Padre Santísimo".

"Puerto Blanco y La Gavia son dos lugares mágicos que ya han quedado vedados porque ahora hay cajitas que prefieren estar en lugares donde hay monedas, donde puedan sacar dinero de un paciente".

"Cuando sale el sol se ven muchos rayos. Cada cajita es como un rayo de luz, pero no todas lo tienen. Unas son charlatanes que han venido a aprovecharse de la fe para hacer dinero, otras son charlatanes negros que hacen puros males. Ya no hay unidad entre las cajitas, es una pena".

"Quiero que me arreglen La Gavia y el Puerto Blanco y que se haga un grupo de trabajo armónico para que este lugar vuelva a ser de luz como siempre fue cuando yo vivía aquí en la tierra".

"Yo, o más bien mis cajitas, no cobran por los trabajos que hago, pues primero es la buena acción y luego la comisión. Mucha gente trae regalos de agradecimiento, y son bien recibidos, pero lo único que pido es que todos me traigan velas, para dar luz al mundo".

"Quiero que ustedes (dirigiéndose a nosotros), escriban un libro y hablen de la verdad de mi movimiento. Aquí no hay secreto, mis madrinitas y padrinitos se abren a la gente y les explican lo que hacen, porque así lo quiero yo. Mi padre me ha ordenado que divulgue la verdad, es por eso que la verdad no debe ser un secreto escondido".

Las fiestas

Pese a que todo el año llegan visitantes a Espinazo, son dos fechas las que marcan las fiestas más importantes: marzo 19, porque Fidencio era muy devoto a San José, y octubre 17 al 19, cuando se celebra su natalicio y su muerte.

Afirman sus seguidores que las fiestas al Niño Fidencio se organizan solas. La gente empieza a llegar por voluntad propia, y viene en busca de alivio o conocimiento. Según cuentan, la única fiesta que sí se organizó como indican los cánones fue en 1988, cuando trajeron una corona de oro que ahora está sobre su tumba del Niño Fidencio. La procesión trajo la corona a lo largo de los 27 kilómetros desde el crucero con la carretera; cada cajita y su grupo la llevaron cargada un kilómetro.

Durante las fiestas hay un restaurante gratuito para los feligreses. La sociedad fidencista CECEF (Centro de Estudios Culturales y Espirituales Fidencistas, que opera en Monterrey y sesiona mensualmente) forma grupos para preparar la comida, y todos y cada uno de ellos trae consigo los alimentos y bebidas ya preparados en Monterrey u otras ciudades.

Cabe añadir que desde hace tiempo, la CECEF ha estado haciendo gestiones para que el Vaticano dé reconocimiento y/o canonice al Niño Fidencio. Hasta la fecha no ha recibido una respuesta satisfactoria.

Conclusión

Mentira o realidad, fe o fanatismo, lo cierto es que hay miles de personas que en verdad creen en los milagros del Niño Fidencio, en la ayuda del fidencismo y en el mito de Espinazo. Es cuestión de verlo y vivirlo para tomar conclusiones propias.

* Cajitas, materias o curanderas, son las palabras que se utilizan para dar nombre a las personas en quienes se manifiesta el santo niño, siendo cajitas el nombre más común y conocido por todos los fidencistas. Las cajitas pueden ser hombres, mujeres y hasta niños. La edad no importa, pues el espíritu del Niño Fidencio siempre encontrará un vehículo adecuado para manifestarse. Las que son cajitas de verdad no cobran, solamente piden veladoras para dar luz al mundo y a los altares.

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Una versión similar de este texto fue publicada en la revista México desconocido, en el número 176 correspondiente a octubre de 1991.

Si quieres leer algunas leyendas sobre el Niño Fidencio, entra en:

http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/

o en

http://xpresandote.com/author/homero-adame/

También hay mucha literatura que habla sobre el tema. Acaba de publicarse El evangelio del Niño Fidencio, novela del escritor regiomontano Felipe Montes . Si deseas ver de que se trata, entra en:

http://www.felipemontes.com

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El cordonazo de San Francisco

sábado, 04 de octubre del 2008 a las 00:25

Conocimiento empírico del clima

Se aproxima el 4 de octubre y no sólo es fecha para festejar a San Francisco de Asís, sino para recordar verbalmente una conseja popular relacionada con el clima: el cordonazo de San Francisco oprimer frío del año.

¿Qué sabes de esta costumbre oral? ¿Qué cuenta la gente en el lugar donde vives? ¿Te sabes algún refrán que lo mencione?

Que yo sepa, hay pocas referencias legendarias al respecto, y la más conocida narra que por ser San Francisco el patrón de las lluvias, él se encarga de  regar los campos y llenar las presas de agua a lo largo del año. Cuando se aproxima el día 4 de octubre, la gente lo recuerda y le hace fiesta y a partir de entonces él se toma un largo descanso. Antes de ello, y para llegar muy limpio a su festejo, sacude su hábito y es cuando el cordón se mueve vigorosamente en el cielo y trae la primera onda gélida, así como las últimas gotas de lluvia.

Muchos campesinos tienen una conseja adicional: Si el cordonazo de San Francisco no llega en las fechas esperadas, entonces habrá fuertes heladas tempranas que afectarán los campos de cultivo cuando aún no se han levantado las cosechas.

Si sabes más sobre el cordonazo de San Francisco y te gustaría compartirlo con los lectores, bienvenido; ya leeremos tu aportación con mucho interés y otros seguramente la comentarán.

Mitos y leyendas de Aguascalientes: Un tesoro en la plaza de San Marcos

martes, 09 de septiembre del 2008 a las 21:32

Aguascalientes, Plaza de San Marcos

 Un tesoro en la plaza de San Marcos: leyenda de Aguascalientes

Aguascalientes, Plaza de San MarcosCuentan que frente a la plaza de San Marcos vivía un comerciante muy acaudalado, quien solía donar grandes cantidades de dinero a la parroquia, por ser también un hombre devoto. Era muy respetado en la comunidad y ofrecía fiestas memorables. Tenía una hija en edad de casamiento y ya estaba en arreglos para conseguirle un buen partido en la ciudad de México. En eso, estalló la Revolución y la vida tranquila de Aguascalientes se vio trastocada como en el resto del país. Primero llegaron a esta ciudad los villistas, quienes recibieron el apoyo de la comunidad, más por miedo que por convicción. El comerciante ofreció una recepción en su casa para los generales, sintiendo que con ello se ganaba el respeto y protección.

Pasaron los días y la tranquilidad pareció volver a su ritmo acostumbrado. Sin embargo, los rumores de la avanzada carrancista hacia Aguascalientes eran cada vez más fuertes. Por recuentos de algunos testigos que habían estado en Zacatecas u otros lugares más al norte, tales revolucionarios eran bandidos que no respetaban a nadie y robaban o mataban por placer. Cuando esto llegó a oídos del comerciante acaudalado, ideó un plan para esconder sus riquezas en un lugar seguro. Sin que nadie entendiera después la razón, él pidió a varios de sus empleados que esa misma noche armaran un alboroto lejos de la plaza de San Marcos.

Dicho alboroto cumplió su cometido, pues todos los habitantes de los alrededores fueron a ver de qué se trataba. Para entonces, el comerciante ya había llenado un baúl con sus riquezas más preciadas: monedas de oro y joyas, tanto personales como las de su esposa y de toda su familia. Cuando se percató de que no había nadie a la vista, fue a la plaza y cavó un pozo muy profundo, junto a una jacaranda. Luego, volvió a su casa por el baúl para enterrarlo en dicho pozo. Su hija lo acompañó por petición de él, para que fuera testigo del lugar exacto donde quedó guardado el tesoro.

No pasaron muchos días desde aquel suceso para que la ciudad sufriera los embates de los carrancistas. Antes de que esto ocurriera, los más ricos ya habían huido hacia otros destinos; el comerciante se fue con toda su familia a la ciudad de México, con el propósito de regresar cuando fuera posible. Pero la lucha armada duró tanto tiempo que esa y muchas otras familias jamás volvieron.

El comerciante casó a su hija con un buen partido de la ciudad de México, y siempre le recordó que en Aguascalientes estaba su herencia, debajo de aquella jacaranda, y podía hacer uso de ella cuando la requiriera. Pasaron los años y el comerciante murió; su hija nunca tuvo necesidad económica de recuperar el tesoro, pero sí quiso hacerlo por los recuerdos de su juventud y de su familia guardados en aquel baúl.

Cuentan que un día llegó a Aguascalientes y fue directamente a visitar la casa familiar, la cual ya tenía otros dueños. Llevó a su marido y a sus hijos ya grandes a que conocieran la iglesia de San Marcos, así como el lugar donde estuvo el comercio de su padre. Después caminó sola por la plaza para ubicar el punto exacto donde recordaba aquella noche a su padre enterrando el tesoro. Dicen que la mujer lloró sentada en una banca porque la jacaranda ya no existía.

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Al igual que en todas las ciudades y pueblos del país, en Aguascalientes también se habla de tesoros, grandes y pequeños. Algunas historias o anécdotas mencionan casos de gente que por azar o por andar buscando ex profeso encontró uno; otras, más bien caen en el campo de la leyenda, pues se cuenta de ruidos, llamaradas o apariciones fantasmales, todo lo cual suele estar relacionado con el tema de los tesoros. Asimismo, en ocasiones escuchamos relatos de alguien que enterró sus riquezas en un lugar específico, como en este ejemplo escuchado en Aguascalientes.

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Una versión muy similar de esta leyenda aparecerá publicada en Leyendas de todo México; libro aún en imprenta.

Mitos y leyendas de Tamaulipas: Los hacendados que amaban tanto a su tierra

sábado, 23 de agosto del 2008 a las 03:23

Los hacendados que amaban tanto a su tierra

(Leyenda de Hidalgo, Tamaulipas)

 

Dibujo de Jennifer MengLa hacienda de la Meza en sus remotos años fue tierra pródiga, rica, fiel a sus dueños, pues nunca hubo plaga, helada o sequía que mermaran la producción de sus sembradíos, como la caña de azúcar que se cultivaba para abastecer todo Tamaulipas y hasta Nuevo León. Y si el año era bueno, incluso mandaban los piloncillos a México.

Condes o marqueses, gente de alcurnia al fin, los dueños fueron buenos patrones. Pagaban bien, trataban bien a su gente, aunque es cierto que había duros castigos por cuenta del capataz, que debió ser bien méndigo, como era costumbre entre capataces.

La hacienda era importante. No había otra igual. Aunque antes fue más importante la de Guadalupe (en Linares, N.L.) y luego la de Santa Engracia (cerca de Ciudad Victoria).

En toda la región la gente sabía de la riqueza de esta hacienda y de la bondad de sus dueños. Ellos fueron gente de trabajo que llegaron de España y se quedaron aquí, pues encontraron un lugar bello, fértil y bien ubicado al pie de la Sierra Madre.

El valle se domina desde la ex hacienda, siempre hay buena agua y hasta hubo una aparición de la virgen de Guadalupe en una cueva que era parte de la hacienda misma. Con esa aparición, los indígenas nativos, que eran bien ladinos, se domesticaron y permitieron que los frailes les dieran catecismo.

Así las cosas. Los primeros dueños fueron gente buena que amaron su tierra como sólo se ama a una mujer o más. Y antes de morir, pidieron a Dios que los dejara ahí para siempre. Y Dios Nuestro Señor escuchó sus súplicas y les concedió ese deseo. Desde entonces, sus conciencias viven en la tierra que fue suya, la tierra que tanto amaron.

Hoy en día, la gente habla de apariciones, de tesoros y muchas otras cosas, pero a lo mejor son cosas de dueños posteriores que vinieron aquí para sacar riquezas sin importarles la tierra ni quererla como lo hicieron los de antes.

Y luego vino la triste historia de la Revolución. Todo se acaba, y cómo no se iba a acabar esta hacienda, si sus últimos propietarios fueron bien méndigos con los trabajadores a quienes trataban peor que esclavos, casi como animales. Nomás estalló la Revolución y lo primero que hicieron nuestros padres, fue acabar con la hacienda y matar al que estuviera adentro. Si hubieran sabido cómo fueron los primeros dueños, seguramente hubieran respetado la casa y las pertenencias. Pero los últimos propietarios ya habían saqueado todo, no dejaron nada en la iglesia ni en la casa grande, y sólo las puertas y ventanas pasaron a poder de campesinos revoltosos que hasta quemaron las puertas de fina madera para hacer leña.

Pero todo tiene un final feliz, y aquí viene la conseja: algún día, aquellas personas que tanto amaron su tierra van a regresar para volver a darle a esta tierra el cariño que le falta. Y así, van a resurgir los buenos tiempos, la tierra será otra vez productiva y habrá trabajo para toda la gente.

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En ciertos relatos que datan desde los cronistas hispanos y refieren a historias de los nativos, así como de otros habitantes, encontramos que hubo gente del pasado que eligió quedarse para siempre en su tierra, y Dios le concedió ese deseo.

También sabemos, por historias indígenas, que otro tipo de personas, aquellos quienes tenían el conocimiento de viajar en las dimensiones, lograron escapar de las barbaridades de la Conquista, yéndose a otros mundos o fundiendo sus conciencias en las piedras o elementos del reino tanto animal como vegetal, para vivir ahí hasta el momento de regresar. (Como se narra en la leyenda titulada «Raíces, un sitio arqueológico» que subí y puedes leer en http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/ y también en http://xpresandote.com/author/homero-adame/). Es así como encontramos a los famosos naguales, aquellas personas que pueden convertirse en un animal de su preferencia. Dichos hombres-nagual son casi parte de la idiosincrasia del mexicano, al menos del centro y sur del país, pero pocas son las narraciones de aquellos que pudieron quedarse en la tierra que tanto amaron viviendo en otra forma de existencia, como en este relato que me contó don Vicente Velázquez.

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Portada del libro

Esta leyenda fue publicada exclusivamente en Mitos, cuentos y leyendas regionales - tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998. Monterrey, México.

La ilustración es obra de Jennifer Hennen Meng

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