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Sobre el Niño Fidencio: Palabras de una "cajita" fidencista

jueves, 16 de octubre del 2008 a las 02:39

Entrevista con doña María Elena Flores Santa Cruz, "cajita" de San Luis Potosí

"Desde los cuatro años empecé a curar. Sufría de ataques y miraba cosas, pero sólo las cosas buenas. Era huérfana y vivía en casa de unos tíos. Si salía a la calle, siempre me perdía, por lo que ellos siempre estaban preocupados por mí. Tuve muchas etapas en mi vida, no tuve una vida fácil; fue muy dura. Por ejemplo, hubo un tiempo de niña que cualquier comida me hacía daño, por lo que solamente podía comer zanahoria, lechuga y una papa al día. Así duré todo un año. Entonces mi piel se empezó a ponerse como de cartón y me puse muy mala. Pero así como con muchas otras enfermedades horribles que sufrí, ésa se me quitó de repente. Duraba como tres meses enferma, sin poderme levantar de la cama y ya ni los médicos me daban muchas esperanzas, pero como le digo, de repente me curaba. Andaba bien por un tiempo y luego me enfermaba de otra cosa. Cuando estaba bien, mis tíos me llevaban a la iglesia pero siempre me 'iba'. Sí, mi mente se iba y no reaccionaba sino hasta tiempo después. Luego, ya de grande, me metieron a un convento, pero duré muy poco, pues las monjas no me quisieron ahí. Ellas me dijeron que mi misión estaba en el mundo, que yo tenía el don de curar gente y que era mejor que saliera para cumplir con lo mío. No me dio tristeza ni nada. Al salir del convento me encontré con una piedra redonda llena de guirnaldas. Me le quedé mirando fijamente y vi un camino lleno de flores donde al final había una figura que no supe qué era. Ya no volví a la casa de mis tíos, me fui a vivir sola y pasé mucha pobreza y al poco tiempo me casé. Un día alguien me habló del Niño Fidencio y me mostró una fotografía de él, y supe que ése era mi camino. Vine aquí a Espinazo y de inmediato me convertí en cajita. Ahora atiendo a muchísimas personas allá en San Luis, que vienen a verme de muchas partes. Y le voy a decir una cosa, algunos médicos de San Luis me han pedido que atienda a ciertos pacientes que ya están desahuciados por la ciencia, y en la fe fidencista han encontrado alivio a sus pesares".

El Niño Fidencio

lunes, 13 de octubre del 2008 a las 23:13

El Niño Fidencio

El límite entre la fe y el fanatismo

 

Niño Fidencio, tumba"Ya me voy, pero volveré, y nadie sabrá en quién" -dijo el Niño Fidencio al morir.

"Son muchos los llamados y pocos los elegidos" -claman sus seguidores.

Estamos en Espinazo, municipio de Mina, Nuevo León, un rincón del estado, un lugar donde la pobreza es notoria, donde el progreso nunca puso sus ojos; un lugar olvidado por los prodigios de la naturaleza. Tierra yerma, semidesértica, escasa de agua. El viento es fuerte y levanta el polvo blancuzco que nos llega directamente a los ojos, el calor aún se siente, aunque ya estamos en una buena época del año. El verano fue infernal.

Hay alegría en el ambiente; en pocas horas el pueblo será una verdadera romería. Los vendedores llegaron desde días antes, los puestos se ven repletos de figuritas, estampitas, oraciones y otros motivos religiosos de parafernalia fidencista; hay también vendimias de alimentos: rústicos restaurantes que básicamente ofrecen carnitas de todo tipo. No se perciben los olores porque el viento se los lleva y el polvo entorpece los sentidos. Los puestos de música tienen las bocinas a todo volumen, música muy variada, pero sobresale la de alabanzas y cantos al Niño Fidencio, ya sea en cumbias, redovas, rancheras o corridos. Y como buena temporada de ventas, no pueden faltar los puestos de dulces, fayuca o "chinaderas" y baratijas como relojes, muñecas, pulseras, carritos, globos, etc. La fiesta ha comenzado...

Niño Fidencio, peregrinos"Niño Fidencio, llegan de rodillas,

Todos tus hijos a ver maravillas,

Venimos tus hijos a felicitarte,

Toditos tus hijos piden curación,

Niñito Fidencio danos el perdón,

Danos tu perdón.

Tu nombre es Fidencio y no hallo qué darte,

Venimos tus hijos a felicitarte..."

Cantan una y otra vez las personas que conforman un grupo que ha venido de lejos. Ellos llegaron en la mañana y se quedarán hasta el día que la fiesta haya terminado. Dan vueltas una, dos y tres veces al Pirulito, y finalmente se meten por la pequeña puerta para seguir cantando frente al altar. El Pirulito es un árbol cercado donde se dice que Dios habló tres veces al Niño Fidencio, dándole el poder de curación; es el lugar más simbólico de Espinazo.

En la habitación del altar hay una cajita* que está curando a un feligrés, mientras otros esperan su turno. La cajita es una mujer vestida de blanco. Vemos ahí a un hombre, o tal vez mujer, que yace en el piso, cubierto con una tela verde y un crucifijo sobre el pecho. Esa persona también está siendo curada.

Hay fe. La gente tiene fe en el Niño Fidencio, tiene fe en su divino poder de curación, y ha venido de diversas partes de México y los Estados Unidos para compartir ese sentir con los demás. Hay armonía, todos hablan o buscan entablar conversación con los extraños, porque saben que hay algo que los une, que tienen algo en común.

El Niño Fidencio

Niño Fidencio¿Pero quién fue el Niño Fidencio, un hechicero, un santo, un místico, curandero, médico o charlatán? Dejemos que sea doña Fabiola, hermana adoptiva del Niño Fidencio, quien vivió de cerca la época dorada cuando el Niño estuvo en la tierra, que con sus palabras nos lo explique:

"Mi padre estaba en la guerra de la Revolución y cayó herido aquí en Espinazo. Entonces encontró trabajo en la hacienda de un alemán (Theodor Von Wernich). Ese señor era muy rico y tenía todas las tierras de por aquí, pero con la Revolución se acabó todo aquello. Ya establecido mi padre aquí en Espinazo, se casó y empezó a tener familia. Fue cuando se trajo a Manobile (apodo que le daban a Fidencio sus hermanos adoptivos) pues él era huérfano desde chiquito. Manobile se crió con sus abuelos allá cerca de Celaya, Gto.

"El Niño tenía grandes dones y facilidades para hacer el bien; al llegar a este lugar empezó a curar. De un vistazo él sabía qué mal tenía tal o cual persona.

"Al principio mi padre no aceptaba que Fidencio hiciera curaciones porque creía que no estaba bien todo eso y que no era cosa de Dios, pero con el tiempo se adaptó y hasta lo alentó a que siguiera haciendo lo suyo", concluye sus recuerdos doña Fabiola.

Todo mundo en Espinazo conoce la historia, aunque le dan ciertas variantes. "Fidencio fue huérfano de padre y madre", oímos decir a otra persona. "Sólo con Dios se quejaba de sus amarguras y a él le compartía sus alegrías. Su cuerpo no se desarrolló normalmente, por eso se le conocía como ‘Niño'. Pero su espíritu creció en sabiduría e inteligencia, entregándose a los demás por órdenes de su Padre".

Unos dicen que fue el alemán Von Wernich quien dio fama al Niño Fidencio como agradecimiento por las curaciones que recibió de su parte. Este alemán mandó publicar en periódicos nacionales y de los Estados Unidos lo milagroso de la medicina del Niño, y a partir de entonces empezó a llegar más y más gente en busca de alivio o por simple curiosidad.

Sin embargo, es un hecho histórico el que da gran fama al Niño Fidencio cuando en una visita por el estado de Nuevo León, en 1928, el Presidente Plutarco Elías Calles fue a verlo y fue curado de "algo". Como regalo, el Presidente dio un maletín de médico a Fidencio. Ese hecho cubrió las principales columnas de la prensa y los resultados fueron asombrosos. La muchedumbre comenzó a llegar, unos para quedarse.

Se dice que el Niño Fidencio murió de fiebre hepática producida por la anemia, pues, al parecer, casi nunca comía porque no tenía tiempo, ya que se la pasaba todo el día atendiendo a sus pacientes. Sin embargo, hay que mencionar que también ha habido y hay muchas personas que atacan abiertamente a este movimiento fidencista, aduciendo que el Niño Fidencio murió de fiebre hepática producida por alcoholismo, pues siempre desayunaba huevos con un vaso de vino y que además todo de lo que él se habla son mentiras creadas por un grupo de gente que han encontrado en el fidencismo un negocio muy lucrativo.

Así como muchos tuvieron la buena fortuna de recibir alivio a sus males por parte del Niño Fidencio, otros no corrieron con la misma suerte. Según palabras del delegado de Salubridad, publicadas en un periódico de Monterrey en 1930 después de una visita oficial, el panteón de Espinazo era mudo testigo de todas aquellas personas que murieron ahí mismo, contándose hasta cerca de mil tumbas entre los años de 1928 y 1930, número mayor a toda la mortandad del vecino municipio de Hidalgo, N.L. en esos años. Además, el delegado agregaba que muchas de esas muertes fueron quizás producto de enfermedades contraídas ahí mismo debido a la aglomeración y falta de higiene.

La historia es confusa. Los allegados al fidencismo dicen una versión distinta a la de los historiadores. Según éstos, el Niño Fidencio llegó a Espinazo a la edad de 23 años, después de haber trabajado, junto con un hermano, de cocinero en varias partes, incluyendo Yucatán. Dicen, además, que entre los años 20 y 30 él fue figura central en cuestiones de curanderismo en el noreste de México, pero que su manera de curar era nada ortodoxa, pues los métodos más practicados era arrojar frutas y huevos a los enfermos, así como mecerlos en un columpio, aduciendo que el dejar de tener contacto con la tierra los aliviaba; aparte, siempre recetaba gobernadora (hierba silvestre que crece en la región, la cual en altas dosis es muy tóxica). También dan como dato que en 1930 Espinazo tenía 1184 habitantes, llegando a ser hasta de 10,000 su población flotante durante las fiestas, mientras que algunos fidencistas aseguran que la población del poblado llegó a ser hasta de 30,000 habitantes.

El fidencismo

Mina, N.L.Volvamos con doña Fabiola para que nos explique qué es el fidencismo:

"Hay dos facetas muy marcadas en este camino: El Niño Fidencio y el fidencismo. La faceta del Niño Fidencio fue real. Él vivió, era material. Curaba sin trance y sin herramienta médica. Desde pequeño era partero, ayudaba a las mujeres a que dieran a luz a sus bebitos. Hacía operaciones, transfusiones de sangre, recetaba yerbas, y eso que nunca estudió nada ni leyó libro alguno. Era muy versátil, pues un día andaba vestido de calzón blanco y huaraches y al otro día podía andar de frac y bombín inglés; un día se ponía los hábitos y otro andaba vestido de charro. Tenía mucho carisma con toda la gente, nunca tuvo enemigos y todos lo querían porque a todos ayudaba. Él siempre fue soltero aunque sí enamoró a muchas mujeres muy ricas de México. Pero como era muy derecho, siempre les dijo que su misión no era entre el matrimonio y los placeres, porque él estaba entregado al Señor nuestro Dios y no podía aceptar lujos ni vivir una vida normal.

"La faceta del fidencismo nace desde el mismo momento en que el Niño está tendido junto al Pirulito y todavía no le dan sepultura. En eso, una persona entra en trance y habla con la voz de Fidencio, diciendo: "Yo les dije que me iba y volvería, y aquí estoy de nuevo". Muchas personas habían pensado que él iba a resucitar, pero cuando lo oyeron hablar a través de alguien supieron que ya estaba de vuelta. Y desde entonces son muchos los que han vivido el trance fidencista.

"El fidencismo es una fuente de fe que dignifica la verdad y atrae cada vez más gente. El fidencismo es la continuación de su trabajo, desde el mismo momento que él deja la vida terrenal. Al principio, se tomó al movimiento como superchería e ignorancia, pero poco a poco los incrédulos se fueron convenciendo de la realidad de todo esto", concluye.

Así como ella, hay muchas otras personas que dan su punto de vista sobre el movimiento: "El fidencismo es católico, Fidencio era católico, pero la iglesia no acepta las curaciones del Niño. Ellos creen que hay espiritismo de por medio. Nuestra fe está dentro de la religión, y esa fe es una mezcla de Cristo y Fidencio, como si él fuera un santo más de la iglesia", explica un feligrés. "El fidencismo es un fenómeno de fe que va creciendo sin invitación ni membrecía. Hay como unas 200 o 300 materias (miembros) activas en el movimiento, pero cada día son más las personas que encuentran en lo nuestro la verdad, y sin necesidad de alejarse de la iglesia católica", añade otro.

Al igual que en otros centros de peregrinaje de México, en Espinazo uno encuentra infinidad de gente amable y ávida de mostrar a los demás algunas de las cosas que ahí suceden. Una muchacha joven se acercó a nosotros y, tras identificarse, nos explicó que ella venía de San Antonio, Texas porque su madre se había convertido en cajita hace algunos años. Y siempre la acompaña cuando siente la necesidad o el llamado de regresar a Espinazo.

Ella nos llevó al lugar donde su madre se encontraba, asegurándonos que podríamos conseguir una entrevista con ella, pues siempre es más ilustrativo hablar con alguien que vive de cerca el movimiento. Llegamos a una pequeña habitación donde había varias personas reunidas; nadie puso objeción a que entráramos y presenciáramos el ritual de curación que se llevaría a cabo minutos después. Agradecimos la invitación y tomamos asiento. Había mucha cordialidad entre los presentes y nos enteramos que cuatro de las mujeres eran cajitas, pero que en esta ocasión sería Ana María, una mujer que vive en Monterrey, la elegida por el Niño para manifestarse. Las otras tres mujeres nos hablaron sobre la vida del Niño y muchos de los milagros que ha hecho.

El ritual

Niño FidencioDe pronto, Ana María interrumpe nuestra plática y dice que es momento de iniciar el ritual. Las otras cajitas le ayudan a ponerse el hábito, que es de color blanco con vivos dorados. Después, con mucha solemnidad, ella se pone una gorra blanca con banda púrpura. Finalmente, le ponen sobre el hábito blanco una túnica púrpura con vivos plateados. Da media vuelta y se para frente al altar, alza los brazos, respira varias veces fuerte y profundo hasta que casi pierde el equilibrio. Una cajita la detiene por la espalda y la ayuda a mantenerse firme de pie. Ana María se da la media vuelta y se enfrenta a los presentes. Su rostro ha cambiado poco, no hay tal transformación como se nos había dicho, pero su voz es distinta, más pausada y clara. Sus ojos están y siempre permanecerán cerrados hasta que finalice el trance. Todos los presentes descruzan sus pies y nos piden a nosotros que hagamos lo mismo, pues si alguien tiene los pies cruzados, la comunicación con el Niño Fidencio podría verse con interferencia.

El Niño, manifestado en Ana María, se dirige a una de las cajitas que está más cerca de él, la saluda diciéndole: "¿Cómo está madrinita? ¿Qué hace por aquí? ¿Qué me trae de nuevo?" Y ésta responde a las preguntas. En su mano derecha él lleva un crucifijo de metal y pide a otra de las cajitas que le consiga un Cristo de madera; ésta no está de acuerdo y dice que el de metal es suficiente, el Niño dice que no, que quiere uno de madera y que se lo traiga de inmediato. Cuando la otra sale, el Niño dice como en broma que ha enviado a esa cajita por el Cristo porque sabe que es una penitencia para ella. Todos los presentes ríen.

"¿Y qué andan haciendo ustedes por aquí?", pregunta el Niño, y una cajita (de San Luis Potosí) responde que ha venido a saludarlo, pero el Niño hace de nuevo la pregunta y la cajita nos dice que él se está dirigiendo a nosotros. Mi compañera Laura y yo respondemos que queremos hacer sendos reportajes sobre el Niño Fidencio. "Bueno, entonces pueden preguntar todo lo que quieran", nos dice, "que al cabo yo no tengo nada que esconder. Aquí se habla con la verdad".

Después de una serie de preguntas, cuyas respuestas en parte sacian nuestra curiosidad, y ya cuando la otra cajita ha regresado con el Cristo de madera, el Niño pregunta que a quién va a curar. Pero antes de empezar, de una bolsa de plástico saca unas bolsitas rojas de tela que traen pegadas una fotografía del Niño Fidencio y las reparte entre los presentes. A mi compañera le dice que no la vaya a tirar. Acto seguido, una mujer pasa para ser atendida de sus males. El Niño se restrega agua perfumada en las manos. El aroma es penetrante y cubre todo el recinto. De otra bolsa una de las cajitas le pasa al Niño un huevo de gallina, chile ancho y dos limones, él los toma en sus manos, los alza al cielo e inhala fuerte. Entonces se encara a esa mujer y la saluda, preguntándole que qué la ha traído por aquí. La mujer le dice que ha ido a verlo porque ha estado mala durante los últimos meses y espera tener alivio a sus problemas. "No se apure, madrinita, con la gracia de mi padre usted quedará curada", le dice el Niño, y empieza a restregar el huevo, el chile y los limones por todo el cuerpo de la paciente. El Niño casi no dice palabra durante el corto proceso de curación o limpia, pero una de las cajitas interrumpe y le pregunta que si desea que recen mientras hace la curación, el Niño responde afirmativamente y las otras tres cajitas empiezan a rezar. Después de haber pasado los elementos de curación por todo el cuerpo de la mujer, el Niño utiliza su túnica para dar una pasada final, dando especial atención a ciertas partes del cuerpo (una de las cajitas nos dice que son las partes más afectadas de la paciente). A continuación, utiliza el crucifijo, pasándolo también por todo el cuerpo, mientras dice algunas palabras apenas audibles. Para terminar, le da a la mujer unas palmadas en el corazón y le da órdenes sobre qué cosas tiene que tomar para aliviarse completamente. Alcancé a escuchar la palabra "gobernadora".

Después de esa primera paciente, el Niño atendió a otros tres, siguiendo casi el mismo ritual, siempre preguntando cuál es la aflicción y recetando gobernadora y otras hierbas.

Cuando terminó con todos, el Niño preguntó si no había alguien más que quisiera ser curado, y como no tuvo respuesta, él se dirigió a una de las cajitas diciéndole: "Ellos no, ¿verdad?" -refiriéndose a nosotros-, a lo que la cajita respondió negativamente. Sin embargo, el Niño se nos acercó, se restregó agua perfumada en sus manos y las pasó sobre nuestras cabezas, diciendo que con ello podríamos escribir un buen reportaje sobre él.

Al concluir el ritual, las cajitas nos pidieron que reanudáramos nuestras preguntas, pero en eso empezaron a llegar muchas personas, entrando por las dos únicas puertas del cuarto, y todo se tornó en una romería. El Niño continuó haciendo curaciones a todos los que llegaban, y nosotros nos sentimos en libertad de tomar fotografías, sin que nadie se sintiera molestado u ofendido. Después de terminar con el último paciente, el Niño se dispuso a bendecir unos lazos y unas telas que alguien trajo ex-profeso, y el trance terminó».

Frases dichas por el Niño Fidencio a través de la médium durante el trance

En la serie de preguntas que fuimos haciendo conforme avanzaba la plática, era siempre la manifestación del Niño Fidencio la que hablaba, mientras que las otras cajitas guardaban reverencial respeto, aunque éstas algunas veces mencionaban algo, como para corroborar lo dicho o hacer preguntas también.

"Padrinitos, ya les contaron la historia del Pirulito, ¿verdad? Pues sí, ahí se me apareció mi padre tres veces, me habló y me dio el poder de curación".

"¿Y ya les hablaron de La Dicha? La Dicha es un lugar en el cerro donde yo tenía leprosos, ahí los curaba y alimentaba hasta que sanaban".

"En el Corral atendía a los enfermos mentales, que eran muchos".

"Sí, el Cerro Campana era mí centro de oración. Me sentaba en una piedra y ahí entregaba mis sufrimientos al Padre Santísimo".

"Puerto Blanco y La Gavia son dos lugares mágicos que ya han quedado vedados porque ahora hay cajitas que prefieren estar en lugares donde hay monedas, donde puedan sacar dinero de un paciente".

"Cuando sale el sol se ven muchos rayos. Cada cajita es como un rayo de luz, pero no todas lo tienen. Unas son charlatanes que han venido a aprovecharse de la fe para hacer dinero, otras son charlatanes negros que hacen puros males. Ya no hay unidad entre las cajitas, es una pena".

"Quiero que me arreglen La Gavia y el Puerto Blanco y que se haga un grupo de trabajo armónico para que este lugar vuelva a ser de luz como siempre fue cuando yo vivía aquí en la tierra".

"Yo, o más bien mis cajitas, no cobran por los trabajos que hago, pues primero es la buena acción y luego la comisión. Mucha gente trae regalos de agradecimiento, y son bien recibidos, pero lo único que pido es que todos me traigan velas, para dar luz al mundo".

"Quiero que ustedes (dirigiéndose a nosotros), escriban un libro y hablen de la verdad de mi movimiento. Aquí no hay secreto, mis madrinitas y padrinitos se abren a la gente y les explican lo que hacen, porque así lo quiero yo. Mi padre me ha ordenado que divulgue la verdad, es por eso que la verdad no debe ser un secreto escondido".

Las fiestas

Pese a que todo el año llegan visitantes a Espinazo, son dos fechas las que marcan las fiestas más importantes: marzo 19, porque Fidencio era muy devoto a San José, y octubre 17 al 19, cuando se celebra su natalicio y su muerte.

Afirman sus seguidores que las fiestas al Niño Fidencio se organizan solas. La gente empieza a llegar por voluntad propia, y viene en busca de alivio o conocimiento. Según cuentan, la única fiesta que sí se organizó como indican los cánones fue en 1988, cuando trajeron una corona de oro que ahora está sobre su tumba del Niño Fidencio. La procesión trajo la corona a lo largo de los 27 kilómetros desde el crucero con la carretera; cada cajita y su grupo la llevaron cargada un kilómetro.

Durante las fiestas hay un restaurante gratuito para los feligreses. La sociedad fidencista CECEF (Centro de Estudios Culturales y Espirituales Fidencistas, que opera en Monterrey y sesiona mensualmente) forma grupos para preparar la comida, y todos y cada uno de ellos trae consigo los alimentos y bebidas ya preparados en Monterrey u otras ciudades.

Cabe añadir que desde hace tiempo, la CECEF ha estado haciendo gestiones para que el Vaticano dé reconocimiento y/o canonice al Niño Fidencio. Hasta la fecha no ha recibido una respuesta satisfactoria.

Conclusión

Mentira o realidad, fe o fanatismo, lo cierto es que hay miles de personas que en verdad creen en los milagros del Niño Fidencio, en la ayuda del fidencismo y en el mito de Espinazo. Es cuestión de verlo y vivirlo para tomar conclusiones propias.

* Cajitas, materias o curanderas, son las palabras que se utilizan para dar nombre a las personas en quienes se manifiesta el santo niño, siendo cajitas el nombre más común y conocido por todos los fidencistas. Las cajitas pueden ser hombres, mujeres y hasta niños. La edad no importa, pues el espíritu del Niño Fidencio siempre encontrará un vehículo adecuado para manifestarse. Las que son cajitas de verdad no cobran, solamente piden veladoras para dar luz al mundo y a los altares.

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Una versión similar de este texto fue publicada en la revista México desconocido, en el número 176 correspondiente a octubre de 1991.

Si quieres leer algunas leyendas sobre el Niño Fidencio, entra en:

http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/

o en

http://xpresandote.com/author/homero-adame/

También hay mucha literatura que habla sobre el tema. Acaba de publicarse El evangelio del Niño Fidencio, novela del escritor regiomontano Felipe Montes . Si deseas ver de que se trata, entra en:

http://www.felipemontes.com

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El cordonazo de San Francisco

sábado, 04 de octubre del 2008 a las 00:25

Conocimiento empírico del clima

Se aproxima el 4 de octubre y no sólo es fecha para festejar a San Francisco de Asís, sino para recordar verbalmente una conseja popular relacionada con el clima: el cordonazo de San Francisco oprimer frío del año.

¿Qué sabes de esta costumbre oral? ¿Qué cuenta la gente en el lugar donde vives? ¿Te sabes algún refrán que lo mencione?

Que yo sepa, hay pocas referencias legendarias al respecto, y la más conocida narra que por ser San Francisco el patrón de las lluvias, él se encarga de  regar los campos y llenar las presas de agua a lo largo del año. Cuando se aproxima el día 4 de octubre, la gente lo recuerda y le hace fiesta y a partir de entonces él se toma un largo descanso. Antes de ello, y para llegar muy limpio a su festejo, sacude su hábito y es cuando el cordón se mueve vigorosamente en el cielo y trae la primera onda gélida, así como las últimas gotas de lluvia.

Muchos campesinos tienen una conseja adicional: Si el cordonazo de San Francisco no llega en las fechas esperadas, entonces habrá fuertes heladas tempranas que afectarán los campos de cultivo cuando aún no se han levantado las cosechas.

Si sabes más sobre el cordonazo de San Francisco y te gustaría compartirlo con los lectores, bienvenido; ya leeremos tu aportación con mucho interés y otros seguramente la comentarán.

Mitos y leyendas de Aguascalientes: Un tesoro en la plaza de San Marcos

martes, 09 de septiembre del 2008 a las 21:32

Aguascalientes, Plaza de San Marcos

 Un tesoro en la plaza de San Marcos: leyenda de Aguascalientes

Aguascalientes, Plaza de San MarcosCuentan que frente a la plaza de San Marcos vivía un comerciante muy acaudalado, quien solía donar grandes cantidades de dinero a la parroquia, por ser también un hombre devoto. Era muy respetado en la comunidad y ofrecía fiestas memorables. Tenía una hija en edad de casamiento y ya estaba en arreglos para conseguirle un buen partido en la ciudad de México. En eso, estalló la Revolución y la vida tranquila de Aguascalientes se vio trastocada como en el resto del país. Primero llegaron a esta ciudad los villistas, quienes recibieron el apoyo de la comunidad, más por miedo que por convicción. El comerciante ofreció una recepción en su casa para los generales, sintiendo que con ello se ganaba el respeto y protección.

Pasaron los días y la tranquilidad pareció volver a su ritmo acostumbrado. Sin embargo, los rumores de la avanzada carrancista hacia Aguascalientes eran cada vez más fuertes. Por recuentos de algunos testigos que habían estado en Zacatecas u otros lugares más al norte, tales revolucionarios eran bandidos que no respetaban a nadie y robaban o mataban por placer. Cuando esto llegó a oídos del comerciante acaudalado, ideó un plan para esconder sus riquezas en un lugar seguro. Sin que nadie entendiera después la razón, él pidió a varios de sus empleados que esa misma noche armaran un alboroto lejos de la plaza de San Marcos.

Dicho alboroto cumplió su cometido, pues todos los habitantes de los alrededores fueron a ver de qué se trataba. Para entonces, el comerciante ya había llenado un baúl con sus riquezas más preciadas: monedas de oro y joyas, tanto personales como las de su esposa y de toda su familia. Cuando se percató de que no había nadie a la vista, fue a la plaza y cavó un pozo muy profundo, junto a una jacaranda. Luego, volvió a su casa por el baúl para enterrarlo en dicho pozo. Su hija lo acompañó por petición de él, para que fuera testigo del lugar exacto donde quedó guardado el tesoro.

No pasaron muchos días desde aquel suceso para que la ciudad sufriera los embates de los carrancistas. Antes de que esto ocurriera, los más ricos ya habían huido hacia otros destinos; el comerciante se fue con toda su familia a la ciudad de México, con el propósito de regresar cuando fuera posible. Pero la lucha armada duró tanto tiempo que esa y muchas otras familias jamás volvieron.

El comerciante casó a su hija con un buen partido de la ciudad de México, y siempre le recordó que en Aguascalientes estaba su herencia, debajo de aquella jacaranda, y podía hacer uso de ella cuando la requiriera. Pasaron los años y el comerciante murió; su hija nunca tuvo necesidad económica de recuperar el tesoro, pero sí quiso hacerlo por los recuerdos de su juventud y de su familia guardados en aquel baúl.

Cuentan que un día llegó a Aguascalientes y fue directamente a visitar la casa familiar, la cual ya tenía otros dueños. Llevó a su marido y a sus hijos ya grandes a que conocieran la iglesia de San Marcos, así como el lugar donde estuvo el comercio de su padre. Después caminó sola por la plaza para ubicar el punto exacto donde recordaba aquella noche a su padre enterrando el tesoro. Dicen que la mujer lloró sentada en una banca porque la jacaranda ya no existía.

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Al igual que en todas las ciudades y pueblos del país, en Aguascalientes también se habla de tesoros, grandes y pequeños. Algunas historias o anécdotas mencionan casos de gente que por azar o por andar buscando ex profeso encontró uno; otras, más bien caen en el campo de la leyenda, pues se cuenta de ruidos, llamaradas o apariciones fantasmales, todo lo cual suele estar relacionado con el tema de los tesoros. Asimismo, en ocasiones escuchamos relatos de alguien que enterró sus riquezas en un lugar específico, como en este ejemplo escuchado en Aguascalientes.

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Una versión muy similar de esta leyenda aparecerá publicada en Leyendas de todo México; libro aún en imprenta.

Leyenda de los hacendados que amaban tanto a su tierra

sábado, 23 de agosto del 2008 a las 03:23

Leyenda de Hidalgo, Tamaulipas 

 

Dibujo de Jennifer MengLa hacienda de la Meza en sus remotos años fue tierra pródiga, rica, fiel a sus dueños, pues nunca hubo plaga, helada o sequía que mermaran la producción de sus sembradíos, como la caña de azúcar que se cultivaba para abastecer todo Tamaulipas y hasta Nuevo León. Y si el año era bueno, incluso mandaban los piloncillos a México.

Condes o marqueses, gente de alcurnia al fin, los dueños fueron buenos patrones. Pagaban bien, trataban bien a su gente, aunque es cierto que había duros castigos por cuenta del capataz, que debió ser bien méndigo, como era costumbre entre capataces.

La hacienda era importante. No había otra igual. Aunque antes fue más importante la de Guadalupe (en Linares, N.L.) y luego la de Santa Engracia (cerca de Ciudad Victoria).

En toda la región la gente sabía de la riqueza de esta hacienda y de la bondad de sus dueños. Ellos fueron gente de trabajo que llegaron de España y se quedaron aquí, pues encontraron un lugar bello, fértil y bien ubicado al pie de la Sierra Madre.

El valle se domina desde la ex hacienda, siempre hay buena agua y hasta hubo una aparición de la virgen de Guadalupe en una cueva que era parte de la hacienda misma. Con esa aparición, los indígenas nativos, que eran bien ladinos, se domesticaron y permitieron que los frailes les dieran catecismo.

Así las cosas. Los primeros dueños fueron gente buena que amaron su tierra como sólo se ama a una mujer o más. Y antes de morir, pidieron a Dios que los dejara ahí para siempre. Y Dios Nuestro Señor escuchó sus súplicas y les concedió ese deseo. Desde entonces, sus conciencias viven en la tierra que fue suya, la tierra que tanto amaron.

Hoy en día, la gente habla de apariciones, de tesoros y muchas otras cosas, pero a lo mejor son cosas de dueños posteriores que vinieron aquí para sacar riquezas sin importarles la tierra ni quererla como lo hicieron los de antes.

Y luego vino la triste historia de la Revolución. Todo se acaba, y cómo no se iba a acabar esta hacienda, si sus últimos propietarios fueron bien méndigos con los trabajadores a quienes trataban peor que esclavos, casi como animales. Nomás estalló la Revolución y lo primero que hicieron nuestros padres, fue acabar con la hacienda y matar al que estuviera adentro. Si hubieran sabido cómo fueron los primeros dueños, seguramente hubieran respetado la casa y las pertenencias. Pero los últimos propietarios ya habían saqueado todo, no dejaron nada en la iglesia ni en la casa grande, y sólo las puertas y ventanas pasaron a poder de campesinos revoltosos que hasta quemaron las puertas de fina madera para hacer leña.

Pero todo tiene un final feliz, y aquí viene la conseja: algún día, aquellas personas que tanto amaron su tierra van a regresar para volver a darle a esta tierra el cariño que le falta. Y así, van a resurgir los buenos tiempos, la tierra será otra vez productiva y habrá trabajo para toda la gente.

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En ciertos relatos que datan desde los cronistas hispanos y refieren a historias de los nativos, así como de otros habitantes, encontramos que hubo gente del pasado que eligió quedarse para siempre en su tierra, y Dios le concedió ese deseo.

También sabemos, por historias indígenas, que otro tipo de personas, aquellos quienes tenían el conocimiento de viajar en las dimensiones, lograron escapar de las barbaridades de la Conquista, yéndose a otros mundos o fundiendo sus conciencias en las piedras o elementos del reino tanto animal como vegetal, para vivir ahí hasta el momento de regresar. (Como se narra en la leyenda titulada «Raíces, un sitio arqueológico» que subí y puedes leer en http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/ y también en http://xpresandote.com/author/homero-adame/). Es así como encontramos a los famosos naguales, aquellas personas que pueden convertirse en un animal de su preferencia. Dichos hombres-nagual son casi parte de la idiosincrasia del mexicano, al menos del centro y sur del país, pero pocas son las narraciones de aquellos que pudieron quedarse en la tierra que tanto amaron viviendo en otra forma de existencia, como en este relato que me contó don Vicente Velázquez.

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Portada del libro

Esta leyenda fue publicada exclusivamente en Mitos, cuentos y leyendas regionales - tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998. Monterrey, México.

La ilustración es obra de Jennifer Meng

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Leyendas de los eclipses

viernes, 01 de agosto del 2008 a las 03:25

Mitos y leyendas del Altiplano Potosino

Mito y leyenda de un eclipse

(Versión escuchada en Barrio Santa Anita, Moctezuma, S.L.P.)

Cuando aquí las mujeres están embarazadas se ponen, creo, una llave amarrada con un listón rojo para que no se les eclipse el niño que traen en el vientre. Es que luego sucede que los niños que nacen eclipsados crecen zonzos.

Además, cuando hay eclipse nosotros acostumbramos poner un listoncito rojo en los árboles frutales para que no se merme la planta. Y ya con el cordoncito rojo hecho moñito, la fruta no se empederne. No, el eclipse no pica la fruta, la empederne, la hace dura y se queda verde, no madura.

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Mito y leyenda de otro eclipse

(Versión escuchada en Guadalcázar, S.L.P.)

Los eclipses son malos, eso todo mundo lo sabe. Cuando una muchacha que anda encinta sale p'ajuera al momento de que hay eclipse, el muchachito le va salir con la cabeza aguadita, con una manita o con un bracito malo o chueco. La mejor manera de protegerse es quedarse adentro de la casa o debajo de cualquier cobertizo cuando está el eclipse. Pero si por alguna circunstancia la muchacha tiene que andar ajuera, es mejor que se ponga unos seguros en la falda y con eso no le va pasar nada a su bebito que todavía no nace. Es que como nosotros decemos: "El seguro es seguro".

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Independientemente de las muchísimas supersticiones que se han originado en torno a estos fenómenos naturales desde los albores de la humanidad y perviven en la memoria colectiva de la gran mayoría, en el Altiplano es muy fuerte la creencia de que cualquier eclipse, dígase de sol o de luna, afecta a los fetos y a los árboles frutales, como lo leímos en estas dos versiones. Dicha creencia, generalizada en todo el país, es una reminiscencia de tiempos prehispánicos.

Mitos y leyendas del Altiplano Potosino- - - - - - -

Estas dos versiones de leyendas que se cuentan acerca de los eclipses, fueron publicadas en el libro Mitos y leyendas del Altiplano Potosino. Editorial Ponciano Arriaga, de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, en 2006. Posteriormente se hizo una revisión para el programa Bibliotecas de Aula, con el ojo crítico de Déborah Chenillo Alazraki.

Fiesta de la Cueva, tradición de Guanajuato

martes, 22 de julio del 2008 a las 00:34

Fiesta de la Cueva (4)Guanajuato siempre está de fiesta. No pasa día sin algún evento cultural o popular en esta ciudad. Ese ambiente es parte de las rutinas. Las condiciones del clima no son impedimento para que los lugareños y los visitantes disfruten de la siempre amplia cartelera cultural y de espectáculos. El bullicio en todos los rincones es común, pero sólo en el centro se ven aglomeraciones, principalmente durante los fines de semana. Pese a ello, hay un día en el devenir guanajuatense cuando las rutinas se rompen por completo; en cierto rincón se ve más gente que nunca (las noches cervantinas se quedan cortas en comparación): toda la falda del famoso Cerro de La Bufa, o Los Calderones, toma una vida diferente; las típicas tonalidades sepias, pardas y los manchones de verde vegetación se tornan en una impresionante gama de abigarrados colores. Medio mundo sube en peregrinación a la cueva de San Ignacio; hoy es su día, su fiesta; es el 31 de julio.

Fiesta de la Cueva (2)Las procesiones inician con una velada en la víspera. A media noche, el cerro se ilumina con las teas y con las velas que los peregrinos llevan en sus manos. Los cohetes surcan el oscuro cielo para explotar en mil chispas de colores. Es un espectáculo sin igual. Luego la gente entona "las mañanitas" y muchos se quedarán allá arriba hasta el día siguiente. Quienes no subieron en la noche lo hacen desde temprano después del amanecer. Son pocos los que dejan pasar esta oportunidad para ir a la cueva y pasar un día de campo lejos de sus rutinas, pero teniendo a su querida ciudad a sus pies.

Cueva de Los Picachos (2)Son tres las cuevas que a lo largo de los años han sido parte fundamental de la Fiesta de la Cueva, o fiesta de San Ignacio: la cueva encantada, la cueva de Los Picachos y la cueva nueva. En la cueva encantada (donde, por cierto, existen unas pinturas franciscanas sin fecha) se realizaba originalmente esta singular celebración, pero como quedaba muy lejos, fue reemplazada por la cueva de Los Picachos. Ésta ha caído en desuso también, pero sigue siendo visitada por los peregrinos. En la actualidad, la misa a San Ignacio se celebra en la cueva nueva, al medio día. Ahí existe un altar y es tan espaciosa que caben muchísimas personas.

Son tantos los peregrinos y curiosos que en los últimos años resultó necesario organizar el camino. El ascenso a la cueva ya no es directo como antes, ahora se tiene que rodear por el paso de "Las Comadres" y luego bajar a la cueva para finalmente descender por el sendero convencional. En ciertos puntos, incluso, hay escaleras para que la bajada sea menos peligrosa. Aparte de los peregrinos a pie, existe un grupo de personas que sube a caballo. Ellos son algo así como una cofradía y se autodenominan "Los templarios". Algo muy relevante es el hecho de que aquí no haya matachines, como sucede en muchas otras fiestas, pero esto no le resta méritos, ni color, ni ambiente.

Fiesta de la Cueva (3)En toda la ruta de subida vamos encontrando a los vendedores ambulantes y a los de ocasión que aprovechan este día para ganarse un dinero extra, así como a los músicos que entonan melodías bajo petición. Resulta simpático ver a los paleteros con sus carritos por ahí. No nos queda más que preguntarle a uno de ellos cómo le hace para subirlo. "Empujando y con mucho sufrimiento, porque no hay que fallarle a nuestro Nachito", es su respuesta. Asimismo, nos percatamos de que los peregrinos son de cualquier edad, desde niños hasta ancianos, como don Miguel Hernández, quien con más de 80 años a cuestas ha participado en esta festividad desde que tiene uso de razón, según nos explica.

A mitad de camino encontramos la cueva nueva. Ésta no es natural porque fue hecha por los cantereros, quienes de aquí extrajeron muchísima cantera verde que hoy en día engalana innumerables fachadas guanajuatenses. Un poco más arriba hay que tomar la desviación y ascender hasta el paso de "Las Comadres", que es en sí el punto más alto a visitar en este recorrido.

Cueva nuevaSon varias las tradiciones que siguen vigentes durante esta procesión. Una de ellas señala que los peregrinos deben primero detenerse en la cueva nueva (donde se oficia la misa), luego subir para visitar los picachos de "Las Comadres" y después continuar a la cueva de Los Picachos. Otra tradición, y quizá la primigenia, es venir en peregrinación con el afán de pedir la lluvia a los dioses, las deidades o a San Ignacio y, en efecto, después de las seis de la tarde normalmente cae una tormenta. Como todo mundo lo sabe, para esas horas ya han bajado del cerro y los que no, pues tendrán que buscar refugio en alguna de las cuevas o en cualquier abrigo rocoso por ahí, que son muchos, por cierto.

Fiesta de la CuevaLa Fiesta de La Cueva es en sí una fusión de creencias y tradiciones tanto autóctonas como religiosas traídas durante la conquista. Para comenzar, tenemos el culto a las deidades de la lluvia, muy propio de las sociedades agrícolas de la antigüedad. Luego encontramos el culto a las cuevas con todos los mitos que esto implica. Finalmente, observamos el aspecto religioso moderno, con San Ignacio de Loyola como estandarte, quien fue, por cierto, el patrón legítimo de la ciudad al ser introducido por los primeros mineros (en la actualidad, Guanajuato tiene también como patrona a la Virgen de Guanajuato). Ahora bien, si estudiamos más a fondo la vida e historia de San Ignacio, encontramos un elemento muy interesante en el hecho de que él pasó mucho tiempo en la cueva de Manresa, en España; cueva donde existían pinturas "diabólicas" (¡rupestres!) y era sitio ritual de los hechiceros locales. Este dato es interesante porque en Guanajuato existe o existió algo similar en las dos cuevas viejas (¡con pinturas rupestres también!), donde algunos brujos se reunían para celebrar sus aquelarres con danzas, cánticos y ritos al fuego.

Cueva de Los PicachosDespués de admirar los míticos picachos de "Las Comadres", continuamos el ascenso hasta llegar a la cima, desde donde se aprecian unas panorámicas poco conocidas de Guanajuato. Luego de platicar con algunas personas, quienes nos cuentan ciertas leyendas, iniciamos el descenso para llegar a la cueva de Los Picachos. Muchísima gente anda por ahí. En las paredes de esta cueva poco profunda aún se aprecian algunos restos de antiquísimas pinturas rupestres -las figuras prehistóricas casi han desaparecido por causa del graffiti (sólo quedan tres, y esto gracias a que debido a la altura son poco accesibles para los vándalos). Asimismo, hasta hace algunos años hubo ahí una pintura de San Ignacio de Loyola (con fechas de 1840 y 1874), pero alguien decidió cubrirla con pintura blanca (dicen que el encargado de tal barbaridad fue un cura "de la religión", o protestante). Es fácil notar que esta cueva ha sido vandalizada constantemente a través del tiempo. Entretanto, resulta interesante escuchar a los padres de familia explicarles a sus hijos que en el pasado no había graffiti y existían pinturas muy hermosas. A viva voz, muchos demuestran su coraje y anhelan que alguien se haga cargo de limpiar el sitio y restaurar las imágenes. Lamentablemente, esto suena algo utópico, ya que la cueva sirve como establo de borregos a lo largo del año.

Un poco más abajo, por ese mismo cañón, existen unos abrigos rocosos donde descubrimos varias pinturas neorrupestres. Éstas son de serpientes, caballos, lagartijas y motivos mitológicos, muy bien logradas (aunque de colores chillantes), tal vez hechas hace algunos 30 años o más, pero ya también han sido víctima de los vándalos. Y finalmente, a pocos metros de ahí, luego de bajar por una escalera de madera, volvemos al camino cerca de la cueva nueva. Las nubes anuncian un chaparrón. La gente apresura el paso para llegar abajo antes de que caigan las primeras gotas. Al atardecer la peregrinación concluye, una fiesta más a San Ignacio va quedando en el recuerdo, y la lluvia llega puntual. La gente ha cumplido y las deidades también.

Cómo llegar:

El acceso más corto a la cueva nueva es por la carretera panorámica que rodea a la ciudad, hacia el sur, iniciando el ascenso a la altura de la estación de la Comisión de Electricidad.

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Este texto fue publicado en el número 305 de la revista México Desconocido, de julio de 2002, en el cual se incluyeron dos leyendas relacionadas con las cuevas. Si te interesa leer ambas leyendas, entra a:

http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/

o

http://xpresandote.com/author/homero-adame/

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Cuento de: El conejo y el coyote

jueves, 17 de julio del 2008 a las 20:23

Había una vez una viejita que tenía sembradíos de lechuga, rábanos y betabeles, y había un conejito que llegaba todas las noches a comérselos. Harta de eso, la viejita ponía trampas, pero como el conejo era muy audaz nunca caía. Un día la viejita pensó:

«A la próxima le voy a poner un monito de cebo, a ver si con eso se asusta y ya no viene.»

Pasaron los días y llegó el conejo con el afán de comer algo. Cuando vio al monito, comenzó a burlarse de él, pero como éste no le contestaba, el conejo le dijo: «Mira, monito, no te voy a comer». De todos modos, le siguió haciendo bromas y lo empezó a golpear hasta quedarse pegado, pues el monito era de cebo tipo engrudo. Como en ese momento la viejita no andaba por ahí, no se dio cuenta de que el conejo se había quedado atrapado. Sin embargo, en eso llegó el coyote y al verlo así lo pescó. Pero el conejito, muy astuto, le dijo:

109846-81467.jpg-Por favor no me comas, coyote. Mira, ¿ves aquella majada que está allá? Dime, cuál chivita te gusta y ahorita te la traigo.

Como ese coyote era un poco tonto, le creyó. Al soltarlo el conejo se fue corriendo lo más rápido que pudo y sólo se le veían las orejitas moverse. El coyote se quedó esperando que le trajera la chivita, pero aquél nunca regresó con la presa.

Al poco tiempo el coyote se volvió a encontrar al conejo y le dijo:

-Ya te pesqué otra vez, conejito. Hace varios días te andaba buscando y como me hiciste trampa ahora sí te voy a comer.

«No'mbre, coyotito, déjame explicarte: resulta que atrapé la cabra que te dije, pero cuando te fui a buscar no te encontré, así que se me ocurrió hacerla chicharrones. Por eso aquí me ves preparándolos. Hm... están quedando al puro punto -explicó el conejo.

-Está bien -dijo el coyote-, ahorita nos los comemos.

El coyote empezó a menear el cazo donde supuestamente estaban los chicharrones que no eran tal, sino un panal de abejas que zumbaban, produciendo un ruido como si algo estuviera friéndose. En eso el conejo le dijo que en un rato regresaba y se fue lo más rápido que pudo, mientras el tonto coyote seguía meneando sus supuestos chicharrones. Como es de esperarse, lo picaron bastante las abejas.

A la noche siguiente, el conejo estaba comiéndose unos rábanos en la huerta de la viejita y el coyote lo vio y que lo pesca.

-Mira, conejo mañoso, traigo un hambre atroz y no hay más remedio comerte a ti, al fin y al cabo ya te burlaste de mí dos veces.

Cuando estaba a punto de darle una mordida, el conejo le dijo:

-No, coyote, no seas tonto. ¿A poco crees que se te va a quitar el hambre con comerme? Mira, ¿ves aquel bulto que está allá? Bueno, ésa es una borrega que yo mismo pesqué para ti, y si te la comes ya verás que te alcanza para dos o tres días. ¿Qué te parece?

El coyote se entusiasmó y corrió a comerse la supuesta borrega, pero cuando le dio el primer zarpazo nada más pegó un aullido de dolor. ¡Era un cactus y se había espinado! El conejo lo había hecho tonto de nuevo.

Pasó el tiempo y de nuevo el coyote se encontró a su enemigo; esta vez en la orilla de una laguna.

-Mira, conejo desgraciado, ahora sí te voy a comer -le dijo-. Ya me hiciste tonto tres veces y ya no me voy a dejar.

-Pero amigo coyotito, antes de querer comerme debes saber que te andaba buscando porque te traía un queso, pero se me cayó en la laguna y no lo puedo alcanzar con mi manita que es muy corta -le explicó el conejo-. Estaba pensando en una solución para sacar el queso de ahí y se me ocurre que entre los dos podemos lograrlo. ¿Cómo la ves, me agarras o te agarro yo hasta que podamos sacar el queso del agua?

Estuvieron discutiendo quién asía la mano de quién hasta que finalmente se pusieron de acuerdo. Quedaron en que el conejo iba a sujetar al coyote para que éste, con sus brazos más largos, alcanzara el queso. Pero lo que el coyote no sabía es que el supuesto queso no era más que la luna llena reflejada en el agua y no un queso como le había hecho creer el mañoso conejo. Como éste tenía otros planes, cuando el coyote ya estaba adentro del agua, lo soltó y el coyote se ahogó.

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En muchos relatos indígenas mexicanos, y de las etnias del desierto americano, existe una saga de cuentos donde los protagonistas son un conejo y un coyote, resultando como ganador uno u otro indistintamente. Por lo general, esa clase de cuentos lleva una moraleja implícita, la cual es una característica convencional en este género literario.

En la versión que acabamos de leer, narrada por Milton de la Peña, un estudiante de Geología en Linares, quien nos dice que todavía se cuenta a los niños en las regiones serranas de Iturbide, los símbolos son los mismos: un coyote, animal embustero que siempre se sale con las suyas, cuya naturaleza en el folclor es dual, pues aparte de tramposo es también un héroe cultural, ya que imparte conocimiento de las artes y no permite que se extinga el fuego, protegiendo así a la raza humana. Y un conejo, que también en el folclor de algunos pueblos es un animal tramposo y embustero, aunque de igual forma es benefactor, pues él trajo el fuego de allende el mar para beneficio de la humanidad; con lo cual demuestra su naturaleza dual, similar a la de su contrincante. 

Mitos, cuentos y leyendas regionales - tradición oral de Nuevo León

Este cuento fue publicado originalmente en Mitos, cuentos y leyendas regionales - tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998. Monterrey, México.

Posteriormente, en una edición corregida y aumentada, también apareció en el libro Mitos, cuentos y leyendas  de Nuevo León (con una portada diferente), publicado por Editorial Font, 2005. Monterrey, México, editado por Déborah Chenillo Alazraki y diseñado por Beatriz Gaytán y Nuevas Letras.

El dibujo de "Conejo y coyote" fue elaborado por Jennifer Hennen.

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Mitos y leyendas de Aguascalientes: Un tesoro en la plaza de San Marcos (santa jasso tinoco)
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