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Mitos y leyendas mexicanas: Los eclipses

viernes, 01 de agosto del 2008 a las 03:25

Mitos y leyendas del Altiplano Potosino

Los eclipses: dos versiones

(Versión escuchada en Barrio Santa Anita, Moctezuma, S.L.P.)

Cuando aquí las mujeres están embarazadas se ponen, creo, una llave amarrada con un listón rojo para que no se les eclipse el niño que traen en el vientre. Es que luego sucede que los niños que nacen eclipsados crecen zonzos.

Además, cuando hay eclipse nosotros acostumbramos poner un listoncito rojo en los árboles frutales para que no se merme la planta. Y ya con el cordoncito rojo hecho moñito, la fruta no se empederne. No, el eclipse no pica la fruta, la empederne, la hace dura y se queda verde, no madura.

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(Versión escuchada en Guadalcázar, S.L.P.)

Los eclipses son malos, eso todo mundo lo sabe. Cuando una muchacha que anda encinta sale p'ajuera al momento de que hay eclipse, el muchachito le va salir con la cabeza aguadita, con una manita o con un bracito malo o chueco. La mejor manera de protegerse es quedarse adentro de la casa o debajo de cualquier cobertizo cuando está el eclipse. Pero si por alguna circunstancia la muchacha tiene que andar ajuera, es mejor que se ponga unos seguros en la falda y con eso no le va pasar nada a su bebito que todavía no nace. Es que como nosotros decemos: "El seguro es seguro".

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Independientemente de las muchísimas supersticiones que se han originado en torno a estos fenómenos naturales desde los albores de la humanidad y perviven en la memoria colectiva de la gran mayoría, en el Altiplano es muy fuerte la creencia de que cualquier eclipse, dígase de sol o de luna, afecta a los fetos y a los árboles frutales, como lo leímos en estas dos versiones. Dicha creencia, generalizada en todo el país, es una reminiscencia de tiempos prehispánicos.

Mitos y leyendas del Altiplano Potosino- - - - - - -

Estas dos versiones de leyendas que se cuentan acerca de los eclipses, fueron publicadas en el libro Mitos y leyendas del Altiplano Potosino. Editorial Ponciano Arriaga, de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, en 2006. Posteriormente se hizo una revisión para el programa Bibliotecas de Aula, con el ojo crítico de Déborah Chenillo Alazraki.

Fiesta de la Cueva, tradición de Guanajuato

martes, 22 de julio del 2008 a las 00:34

Fiesta de la Cueva (4)Guanajuato siempre está de fiesta. No pasa día sin algún evento cultural o popular en esta ciudad. Ese ambiente es parte de las rutinas. Las condiciones del clima no son impedimento para que los lugareños y los visitantes disfruten de la siempre amplia cartelera cultural y de espectáculos. El bullicio en todos los rincones es común, pero sólo en el centro se ven aglomeraciones, principalmente durante los fines de semana. Pese a ello, hay un día en el devenir guanajuatense cuando las rutinas se rompen por completo; en cierto rincón se ve más gente que nunca (las noches cervantinas se quedan cortas en comparación): toda la falda del famoso Cerro de La Bufa, o Los Calderones, toma una vida diferente; las típicas tonalidades sepias, pardas y los manchones de verde vegetación se tornan en una impresionante gama de abigarrados colores. Medio mundo sube en peregrinación a la cueva de San Ignacio; hoy es su día, su fiesta; es el 31 de julio.

Fiesta de la Cueva (2)Las procesiones inician con una velada en la víspera. A media noche, el cerro se ilumina con las teas y con las velas que los peregrinos llevan en sus manos. Los cohetes surcan el oscuro cielo para explotar en mil chispas de colores. Es un espectáculo sin igual. Luego la gente entona "las mañanitas" y muchos se quedarán allá arriba hasta el día siguiente. Quienes no subieron en la noche lo hacen desde temprano después del amanecer. Son pocos los que dejan pasar esta oportunidad para ir a la cueva y pasar un día de campo lejos de sus rutinas, pero teniendo a su querida ciudad a sus pies.

Cueva de Los Picachos (2)Son tres las cuevas que a lo largo de los años han sido parte fundamental de la Fiesta de la Cueva, o fiesta de San Ignacio: la cueva encantada, la cueva de Los Picachos y la cueva nueva. En la cueva encantada (donde, por cierto, existen unas pinturas franciscanas sin fecha) se realizaba originalmente esta singular celebración, pero como quedaba muy lejos, fue reemplazada por la cueva de Los Picachos. Ésta ha caído en desuso también, pero sigue siendo visitada por los peregrinos. En la actualidad, la misa a San Ignacio se celebra en la cueva nueva, al medio día. Ahí existe un altar y es tan espaciosa que caben muchísimas personas.

Son tantos los peregrinos y curiosos que en los últimos años resultó necesario organizar el camino. El ascenso a la cueva ya no es directo como antes, ahora se tiene que rodear por el paso de "Las Comadres" y luego bajar a la cueva para finalmente descender por el sendero convencional. En ciertos puntos, incluso, hay escaleras para que la bajada sea menos peligrosa. Aparte de los peregrinos a pie, existe un grupo de personas que sube a caballo. Ellos son algo así como una cofradía y se autodenominan "Los templarios". Algo muy relevante es el hecho de que aquí no haya matachines, como sucede en muchas otras fiestas, pero esto no le resta méritos, ni color, ni ambiente.

Fiesta de la Cueva (3)En toda la ruta de subida vamos encontrando a los vendedores ambulantes y a los de ocasión que aprovechan este día para ganarse un dinero extra, así como a los músicos que entonan melodías bajo petición. Resulta simpático ver a los paleteros con sus carritos por ahí. No nos queda más que preguntarle a uno de ellos cómo le hace para subirlo. "Empujando y con mucho sufrimiento, porque no hay que fallarle a nuestro Nachito", es su respuesta. Asimismo, nos percatamos de que los peregrinos son de cualquier edad, desde niños hasta ancianos, como don Miguel Hernández, quien con más de 80 años a cuestas ha participado en esta festividad desde que tiene uso de razón, según nos explica.

A mitad de camino encontramos la cueva nueva. Ésta no es natural porque fue hecha por los cantereros, quienes de aquí extrajeron muchísima cantera verde que hoy en día engalana innumerables fachadas guanajuatenses. Un poco más arriba hay que tomar la desviación y ascender hasta el paso de "Las Comadres", que es en sí el punto más alto a visitar en este recorrido.

Cueva nuevaSon varias las tradiciones que siguen vigentes durante esta procesión. Una de ellas señala que los peregrinos deben primero detenerse en la cueva nueva (donde se oficia la misa), luego subir para visitar los picachos de "Las Comadres" y después continuar a la cueva de Los Picachos. Otra tradición, y quizá la primigenia, es venir en peregrinación con el afán de pedir la lluvia a los dioses, las deidades o a San Ignacio y, en efecto, después de las seis de la tarde normalmente cae una tormenta. Como todo mundo lo sabe, para esas horas ya han bajado del cerro y los que no, pues tendrán que buscar refugio en alguna de las cuevas o en cualquier abrigo rocoso por ahí, que son muchos, por cierto.

Fiesta de la CuevaLa Fiesta de La Cueva es en sí una fusión de creencias y tradiciones tanto autóctonas como religiosas traídas durante la conquista. Para comenzar, tenemos el culto a las deidades de la lluvia, muy propio de las sociedades agrícolas de la antigüedad. Luego encontramos el culto a las cuevas con todos los mitos que esto implica. Finalmente, observamos el aspecto religioso moderno, con San Ignacio de Loyola como estandarte, quien fue, por cierto, el patrón legítimo de la ciudad al ser introducido por los primeros mineros (en la actualidad, Guanajuato tiene también como patrona a la Virgen de Guanajuato). Ahora bien, si estudiamos más a fondo la vida e historia de San Ignacio, encontramos un elemento muy interesante en el hecho de que él pasó mucho tiempo en la cueva de Manresa, en España; cueva donde existían pinturas "diabólicas" (¡rupestres!) y era sitio ritual de los hechiceros locales. Este dato es interesante porque en Guanajuato existe o existió algo similar en las dos cuevas viejas (¡con pinturas rupestres también!), donde algunos brujos se reunían para celebrar sus aquelarres con danzas, cánticos y ritos al fuego.

Cueva de Los PicachosDespués de admirar los míticos picachos de "Las Comadres", continuamos el ascenso hasta llegar a la cima, desde donde se aprecian unas panorámicas poco conocidas de Guanajuato. Luego de platicar con algunas personas, quienes nos cuentan ciertas leyendas, iniciamos el descenso para llegar a la cueva de Los Picachos. Muchísima gente anda por ahí. En las paredes de esta cueva poco profunda aún se aprecian algunos restos de antiquísimas pinturas rupestres -las figuras prehistóricas casi han desaparecido por causa del graffiti (sólo quedan tres, y esto gracias a que debido a la altura son poco accesibles para los vándalos). Asimismo, hasta hace algunos años hubo ahí una pintura de San Ignacio de Loyola (con fechas de 1840 y 1874), pero alguien decidió cubrirla con pintura blanca (dicen que el encargado de tal barbaridad fue un cura "de la religión", o protestante). Es fácil notar que esta cueva ha sido vandalizada constantemente a través del tiempo. Entretanto, resulta interesante escuchar a los padres de familia explicarles a sus hijos que en el pasado no había graffiti y existían pinturas muy hermosas. A viva voz, muchos demuestran su coraje y anhelan que alguien se haga cargo de limpiar el sitio y restaurar las imágenes. Lamentablemente, esto suena algo utópico, ya que la cueva sirve como establo de borregos a lo largo del año.

Un poco más abajo, por ese mismo cañón, existen unos abrigos rocosos donde descubrimos varias pinturas neorrupestres. Éstas son de serpientes, caballos, lagartijas y motivos mitológicos, muy bien logradas (aunque de colores chillantes), tal vez hechas hace algunos 30 años o más, pero ya también han sido víctima de los vándalos. Y finalmente, a pocos metros de ahí, luego de bajar por una escalera de madera, volvemos al camino cerca de la cueva nueva. Las nubes anuncian un chaparrón. La gente apresura el paso para llegar abajo antes de que caigan las primeras gotas. Al atardecer la peregrinación concluye, una fiesta más a San Ignacio va quedando en el recuerdo, y la lluvia llega puntual. La gente ha cumplido y las deidades también.

Cómo llegar:

El acceso más corto a la cueva nueva es por la carretera panorámica que rodea a la ciudad, hacia el sur, iniciando el ascenso a la altura de la estación de la Comisión de Electricidad.

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Este texto fue publicado en el número 305 de la revista México Desconocido, de julio de 2002, en el cual se incluyeron dos leyendas relacionadas con las cuevas. Si te interesa leer ambas leyendas, entra a:

http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/

o

http://xpresandote.com/author/homero-adame/

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Cuentos mexicanos tradicionales: El conejo y el coyote

jueves, 17 de julio del 2008 a las 20:23

El conejo y el coyote

(Versión proveniente de Galeana, N.L.)

Había una vez una viejita que tenía sembradíos de lechuga, rábanos y betabeles, y había un conejito que llegaba todas las noches a comérselos. Harta de eso, la viejita ponía trampas, pero como el conejo era muy audaz nunca caía. Un día la viejita pensó:

«A la próxima le voy a poner un monito de cebo, a ver si con eso se asusta y ya no viene.»

Pasaron los días y llegó el conejo con el afán de comer algo. Cuando vio al monito, comenzó a burlarse de él, pero como éste no le contestaba, el conejo le dijo: «Mira, monito, no te voy a comer». De todos modos, le siguió haciendo bromas y lo empezó a golpear hasta quedarse pegado, pues el monito era de cebo tipo engrudo. Como en ese momento la viejita no andaba por ahí, no se dio cuenta de que el conejo se había quedado atrapado. Sin embargo, en eso llegó el coyote y al verlo así lo pescó. Pero el conejito, muy astuto, le dijo:

109846-81467.jpg-Por favor no me comas, coyote. Mira, ¿ves aquella majada que está allá? Dime, cuál chivita te gusta y ahorita te la traigo.

Como ese coyote era un poco tonto, le creyó. Al soltarlo el conejo se fue corriendo lo más rápido que pudo y sólo se le veían las orejitas moverse. El coyote se quedó esperando que le trajera la chivita, pero aquél nunca regresó con la presa.

Al poco tiempo el coyote se volvió a encontrar al conejo y le dijo:

-Ya te pesqué otra vez, conejito. Hace varios días te andaba buscando y como me hiciste trampa ahora sí te voy a comer.

«No'mbre, coyotito, déjame explicarte: resulta que atrapé la cabra que te dije, pero cuando te fui a buscar no te encontré, así que se me ocurrió hacerla chicharrones. Por eso aquí me ves preparándolos. Hm... están quedando al puro punto -explicó el conejo.

-Está bien -dijo el coyote-, ahorita nos los comemos.

El coyote empezó a menear el cazo donde supuestamente estaban los chicharrones que no eran tal, sino un panal de abejas que zumbaban, produciendo un ruido como si algo estuviera friéndose. En eso el conejo le dijo que en un rato regresaba y se fue lo más rápido que pudo, mientras el tonto coyote seguía meneando sus supuestos chicharrones. Como es de esperarse, lo picaron bastante las abejas.

A la noche siguiente, el conejo estaba comiéndose unos rábanos en la huerta de la viejita y el coyote lo vio y que lo pesca.

-Mira, conejo mañoso, traigo un hambre atroz y no hay más remedio comerte a ti, al fin y al cabo ya te burlaste de mí dos veces.

Cuando estaba a punto de darle una mordida, el conejo le dijo:

-No, coyote, no seas tonto. ¿A poco crees que se te va a quitar el hambre con comerme? Mira, ¿ves aquel bulto que está allá? Bueno, ésa es una borrega que yo mismo pesqué para ti, y si te la comes ya verás que te alcanza para dos o tres días. ¿Qué te parece?

El coyote se entusiasmó y corrió a comerse la supuesta borrega, pero cuando le dio el primer zarpazo nada más pegó un aullido de dolor. ¡Era un cactus y se había espinado! El conejo lo había hecho tonto de nuevo.

Pasó el tiempo y de nuevo el coyote se encontró a su enemigo; esta vez en la orilla de una laguna.

-Mira, conejo desgraciado, ahora sí te voy a comer -le dijo-. Ya me hiciste tonto tres veces y ya no me voy a dejar.

-Pero amigo coyotito, antes de querer comerme debes saber que te andaba buscando porque te traía un queso, pero se me cayó en la laguna y no lo puedo alcanzar con mi manita que es muy corta -le explicó el conejo-. Estaba pensando en una solución para sacar el queso de ahí y se me ocurre que entre los dos podemos lograrlo. ¿Cómo la ves, me agarras o te agarro yo hasta que podamos sacar el queso del agua?

Estuvieron discutiendo quién asía la mano de quién hasta que finalmente se pusieron de acuerdo. Quedaron en que el conejo iba a sujetar al coyote para que éste, con sus brazos más largos, alcanzara el queso. Pero lo que el coyote no sabía es que el supuesto queso no era más que la luna llena reflejada en el agua y no un queso como le había hecho creer el mañoso conejo. Como éste tenía otros planes, cuando el coyote ya estaba adentro del agua, lo soltó y el coyote se ahogó.

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En muchos relatos indígenas mexicanos, y de las etnias del desierto americano, existe una saga de cuentos donde los protagonistas son un conejo y un coyote, resultando como ganador uno u otro indistintamente. Por lo general, esa clase de cuentos lleva una moraleja implícita, la cual es una característica convencional en este género literario.

En la versión que acabamos de leer, narrada por Milton de la Peña, un estudiante de Geología en Linares, quien nos dice que todavía se cuenta a los niños en las regiones serranas de Iturbide, los símbolos son los mismos: un coyote, animal embustero que siempre se sale con las suyas, cuya naturaleza en el folclor es dual, pues aparte de tramposo es también un héroe cultural, ya que imparte conocimiento de las artes y no permite que se extinga el fuego, protegiendo así a la raza humana. Y un conejo, que también en el folclor de algunos pueblos es un animal tramposo y embustero, aunque de igual forma es benefactor, pues él trajo el fuego de allende el mar para beneficio de la humanidad; con lo cual demuestra su naturaleza dual, similar a la de su contrincante. 

Mitos, cuentos y leyendas regionales - tradición oral de Nuevo León

Este cuento fue publicado originalmente en Mitos, cuentos y leyendas regionales - tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998. Monterrey, México.

Posteriormente, en una edición corregida y aumentada, también apareció en el libro Mitos, cuentos y leyendas  de Nuevo León (con una portada diferente), publicado por Editorial Font, 2005. Monterrey, México, editado por Déborah Chenillo Alazraki y diseñado por Beatriz Gaytán y Nuevas Letras.

El dibujo de "Conejo y coyote" fue elaborado por Jennifer Hennen.

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Mitos y leyendas en "Norteñismos norestenses"

jueves, 10 de julio del 2008 a las 19:02

Portada de Norteñismos norestenses

 

Como una de las finalidades de este blog es hablar de mitos y leyendas mexicanas, a continuación aparecen algunas de las entradas del diccionario Norteñismos norestenses referentes a mitología del Noreste de México.

 

 


AGAPITO TREVIÑO. Folc. Bandido regiomontano (1829-1854) muy popular del folclor de Nuevo León. También se le conoció como el «Caballo blanco», porque siempre andaba en un corcel de ese color. Fue muy famoso por sus fechorías y por haber sido como una especie de Robin Hood (robaba a los ricos para ayudar a los pobres) a la norestense. De él existen muchas leyendas y se dice que en varias cuevas serranas dejó ocultos cuantiosos tesoros. Murió fusilado en Monterrey, N.L.

CABRESTEADO, A. adj. Folc. Dícese cuando a alguien le dan golpes o chicotazos con el cabresto, a manera de «limpia» o «barrida». Véase también: cabresto. 

CAJITAS. f. pl. Folc. Médium, o curanderos en quienes, se dice, se manifiesta el Niño Fidencio. sin.: materias. Véase también: fidencismo.

CERRO DE LAS MITRAS. Geogr. Cerro que se localiza en los municipios de Monterrey, García, General Escobedo y Santa Catarina, N.L. Tiene una altura de 2,000 msnm. ║ Etimol. Su nombre viene porque, según se dice, su perfil asemeja seis mitras episcopales. ~ Notas: Hist. También llevó el nombre de «Cerro de la Mitra» porque, igualmente, se decía asemejaba a una gran mitra episcopal. ║ 2. Folc. Existen muchos mitos y leyendas urbanas en torno a esta montaña, por ejemplo, apariciones, ovnis y otros fenómenos inexplicables.

EL CHORRITO. Geogr. Folc. Poblado serrano que se localiza en el municipio de Hidalgo, Tamps. La iglesia, ubicada en la entrada de una cueva o gruta poco explorada, es el centro de peregrinaje más importante del estado. Pese a estar dedicada a San José, ahí se adora a la Virgen del Chorrito (de Guadalupe), la cual, según la leyenda, se les apareció en una roca a unos arrieros. Sus fiestas son el 19 de marzo y el 12 de diciembre.

EL JERGAS. Folc. Mítico personaje que, según muchas leyendas, habita en el interior de las minas. Se le menciona recurrentemente en centros mineros y, dependiendo de la versión, puede ser benéfico o maléfico, es decir, o ayuda a los mineros en peligro o los perjudica. Por esto puede considerársele como una entidad dual. Véase también: ¡Llevar el Jergas!, en la sección de Expresiones y frases.

EL JUDÍO ERRANTE. Folc. Oscuro personaje que, de acuerdo con las leyendas, es como un espíritu que anuncia desgracias y muerte por medio de una especie de aullido o gemido. Algunas versiones lo asocian con Judas Iscariote y afirman que como castigo a su traición fue condenado a vagar por la eternidad y presagiar calamidades.

FIDENCISMO. Hist. Folc. Movimiento pagano-religioso basado en la mítica imagen del Niño Fidencio, un curandero oriundo de Guanajuato, de nombre José Fidencio Síntora Constantino (1898-1938), que se estableció en Espinazo (municipio de Mina, N.L.) en la década de 1920. Su fama creció al grado de transformarse en culto. Después de su muerte, algunos de sus más allegados seguidores se convirtieron en «cajitas», «materias» o médium, y empezaron a curar a través del espíritu de Fidencio o «Manobile», como lo llamaban sus «hermanos». La tradición continúa y las «cajitas» son supuestamente elegidas por don divino o por decisión del espíritu protector. Espinazo es hoy en día el centro de peregrinaje pagano más popular del Noreste, y sus fiestas principales son el 19 de marzo y el 17 de octubre.

HERMANO GALVÁN. Folc. Popular líder religioso, al parecer originario de Reynosa, Tamps., que se hizo famoso gracias a sus prédicas por radio. Sus seguidores formaron un culto en torno a él. Según ellos, el Hermano Galván sana, o sanaba, con sólo escuchar su voz en la radio, pero para que la curación o milagro surtiera efecto, la persona tenía que enviar o depositar una determinada cantidad de dinero a una cuenta bancaria.

INDIO PEDRO JOSÉ. Folc. Mítico personaje de quien se habla en muchas leyendas en la Sierra Madre de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. Se dice que fue un caudillo y ladrón de fines del siglo XVIII, que guardó infinidad de tesoros en cuevas de la sierra. De acuerdo con algunas crónicas, él quizá fue el último indígena nativo de Nuevo León. ~ Nota: hay quienes, erróneamente, creen que su apellido era Méndez. Es probable que esta confusión se genere por una yuxtaposición de elementos reales y ficticios con el nombre de Pedro José Méndez Ortiz (1836-1866), el destacado militar tamaulipeco, oriundo de San Agustín, municipio de Hidalgo, quien llegó a ser General en las fuerzas juaristas.

JUAN OSO. m. Folc. Personaje, recurrente en ciertas leyendas que se cuentan en la Sierra Madre Oriental, que es producto de la relación de una mujer con un oso. ║ 2. Los kikapúes también dicen descender de este personaje, por ello lo tienen como un tótem. ║ 3. Según estudios mitológicos, este mito llegó a nuestras tierras gracias a la influencia española, pues forma parte del folclor europeo y asiático, donde es un héroe cultural.

LUZ ERRANTE. f. Folc. Dícese de una luz que se aparece en los caminos y brechas para ayudar a las personas que andan perdidas en la noche. Pese a ser una creencia generalizada, en el Noreste es motivo de muchas de sus leyendas. ~ Nota: Folc. Este mito universal proviene del Ignis fattus, una manifestación sobrenatural que en ocasiones se le ve acompañando un funeral.

MANO PACHONA. f. Folc. Dícese de una mano peluda que se aparece misteriosamente en las paredes y asusta a quien tiene la mala fortuna de verla. Don Evaristo nos ha contado algunas leyendas de la Mano pachona; dice que malorea a quien la ha visto. ~ Nota: en otras partes se le conoce como «mano peluda» o «mano pelona».

RATA VIEJA. f. Zool. (Ascalapha odorata) Mariposa o paloma negra. ║ Folc. Infinidad de creencias negativas se han generado en torno a este desagradable insecto. Entre otras, generalmente se le asocia con desgracias, malos augurios, cambios climáticos, etc. ~ Nota: así se le llama en ciertas zonas del sur de Nuevo León y del Altiplano potosino. sin.: mariposa nocturna, papalote

SALAMANQUESCA. f. Zool. (Ambystoma tigrinum) Salamandra. Anfibio de color jaspeado parecido a la lagartija pero de mayor tamaño. ║ Folc. En las áreas rurales se cree que la salamanquesca «preña» a las mujeres al introducirse en sus vaginas cuando se bañan desnudas en los ríos o estanques, donde abundan estos animales. ~ Nota: con este mismo nombre se le conoce al ajolote (Ambystoma mexicanum).

SAN PEDRO PTOLOMEO. m. Folc. Personaje recurrente en ciertas leyendas regionales, de quien se dice es un espíritu benefactor. ~ Nota: este «santo» no se encuentra registrado en las efemérides católicas.

Si deseas ver más entradas del diccionario, visita cualquiera de los siguientes blogs:

http://leyendas-de-mexico.blogspot.com/

y

http://xpresandote.com/author/homero-adame/

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El libro está disponible en varias librerías de Monterrey, Saltillo, Torreón, Ciudad Victoria, Matehuala y San Luis Potosí.

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Norteñismos norestenses: diccionario para saber cómo se habla en el Noreste

jueves, 10 de julio del 2008 a las 18:49

Norteñismos norestenses - portada

Norteñismos norestenses - portada

Norteñismos norestenses - diccionario sobre el habla y otros referentes del Noreste de México está compuesto por dos secciones y el lector encontrará numerosas referencias cruzadas dentro de una misma sección o entre ambas. La sección primordial es el Diccionario principal o Léxicon, donde aparecen las palabras que son comunes o propias del Noreste y resultan desconocidas o tienen significados diferentes en otras zonas geográficas del país. En muchos casos, las entradas que componen dicha sección llevan ejemplos de cómo se utilizan los vocablos. Asimismo, un gran número de entradas viene con sus correspondientes sinónimos. (Y en algunas de éstas, cuando tienen varias acepciones, se encontrará en sus sinónimos la abreviatura i.t.a., la cual indica que incluye todas las acepciones.)

Cabe mencionar que las acepciones aquí inscritas son sólo aquellas que se dicen en la región, y no por ello es indicativo de que otra acepción más común y generalizada en el país o en lengua española no se utilize. Por ejemplo, en la entrada de Paleta se incluyó una sola acepción: Gast. Uno de los cortes típicos del cabrito que comprende el área del omóplato. Pero otras acepciones no fueron inscritas por ser de uso general: 1. Helado de agua o paleta helada. 2. Dulce que se chupa agarrándolo de un palito. 3. Omóplato de los humanos o animales. 4. Tabla de madera que utilizan los pintores. Etcétera.

Asimismo, en esta sección aparecen palabras relacionadas con nuestra flora, folclor y mitología, gastronomía, geografía, historia, música y zoología. Por ejemplo, en botánica aparecen los nombres comunes de algunas de las plantas más características de la región (con sus respectivos nombres científicos) y un breve comentario sobre su descripción y usos en medicina tradicional. En cuanto a la historia, se incluyen nombres relacionados con las antiguas tribus que habitaron la región y, en muchos casos, cómo dichos vocablos se han transformado en toponimia para lugares (en esas entradas se extiende una breve nota histórica sobre el tema). Del mismo modo, en este libro se aportan sinónimos, etimologías, datos geográficos de relevancia, así como varios motivos muy propios del folclor y mitología norestense; y para expandir la información, también aparecen nombres de la gastronomía regional, ya sean platillos, dulces o bebidas, a los cuales se le agregaron notas de los ingredientes con que se elaboran y sus lugares de origen.

La segunda parte del libro comprende la sección de Expresiones, frases, dichos y locuciones, la cual es un apartado que decidimos añadir para con ello mostrar otra faceta del habla norestense. Ahí aparecen oraciones que se utilizan como metáfora o en sentido figurado. También, muchas de éstas vinen acompañadas con sus sinónimos u otras variantes.  

Es importante hacer una última observación: un buen número de palabras y frases que se han incluido en este trabajo no son de uso generalizado en todo el territorio norestense; algunas de éstas son muy locales o meramente regionales, como «alicocha», «lloviznado», «te falló como a Sarabia»..., o son exclusivas de ciertos estratos sociales, como «guaisolón», «sandillón», «ir p'afuera»... En ocasiones, agregamos una nota del lugar donde tales palabras o frases se utilizan.

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El diseño de portada fue obra de Beatriz Gaytán, con fotografías de Homero Adame

14 voces por un real - Libro sobre Real de Catorce

martes, 08 de julio del 2008 a las 19:19

Portada de 14 voces por un Real

 Un lugar-personaje visto por la polifonía de catorce

Escrito por: Dra. Pat Grounds

14 voces por un real, obra ganadora del premio "Manuel José Othón" 2004 en narrativa, es un libro polifónico compuesto por las voces de 14 personajes que nada tienen que ver entre sí, pero comparten con el lector sus experiencias, visiones o puntos de vista sobre Real de Catorce que, en todo caso, es el personaje central de esta obra.

Cada capítulo nos ofrece una voz distinta, como si en verdad hablara cada uno de los personajes, y está escrito de diferente manera y estilo, lo que le da al libro esa polifonía bien lograda por su autor, Homero Adame, quien nos demuestra que sabe escuchar a la gente y recrear sus formas de expresarse a través de la ficción, su primera obra publicada en este género.

Por ejemplo, 14 voces por un real abre con la voz de una fotógrafa, escrita a manera de diario, quien nos ofrece una perspectiva muy amplia de este mítico pueblo, pero a ojo de fotógrafo o a través de la lente. Y enseguida viene el relato, en estilo rural, del peregrino que suele hacer un viaje anual desde su lugar de origen para ser partícipe de las fiestas del 4 de octubre, dedicadas a San Francisco.

Y así, los siguientes capítulos nos brindan una perspectiva diferente, como el de la corredora de bienes raíces, quien afirma que Real de Catorce no es un buen lugar para invertir, aunque una pareja de gringos, muy a su manera, expone su encanto y asombro por este lugar y creen que sería un excelente centro turístico. Y también tenemos a los huicholes, quienes en realidad no visitan el pueblo pero sí los territorios de ese árido municipio durante sus peregrinaciones a Wirikúta, su tierra sagrada. Cabe mencionar que esta voz rompe con el esquema convencional abordado por antropólogos o sociólogos cuando describen sus estudios sobre esta etnia, ya que el autor la ha logrado de una manera literaria, utilizando diálogos y vocablos huicholes, demostrando de tal modo la investigación que hizo al respecto.

Asimismo, y en estilos coloquiales, hablan unos amigos acerca de la vida política; una lugareña nos explica cómo ha sido toda su vida en ese poblado; también disfrutamos las aventuras y desventuras de unos buscatesoros, o bien, un comerciante nos cuenta cómo se vive o se sobrevive en esa población, y enseguida habla la hipiteka, quien utiliza verborrea y lenguaje común entre gente como ella, para explicarnos sobre el comercio, pero desde otro punto de vista y para otro tipo de clientela.

En otro tono, más adelante leemos una interesante descripción narrada por un ánima en pena que utiliza lenguaje del siglo XVII o XVIII para explicar cómo fue la vida en el Real durante sus años de bonanza y grandeza. Después, el sacerdote nos ofrece una visión sobre la vida religiosa en el pueblo y, verdaderamente, las imágenes de sus rutinas son de letargo. (Vale añadir que éste es, quizá, el relato más débil en todo el libro, no por su extensión, más bien por su falta de sustancia. Tal vez el autor no conoce bien este medio o platicó con un sacerdote sin muchas ganas de hacerlo. Siento que en vez del sacerdote, aquí hubiera sido más interesante leer el relato de un narrador de historias, por ejemplo, que en sí es el fuerte de Homero Adame, pero seguramente quiso evitar lo muy conocido para él y mejor incursionar en otro tipo de narrativa más compleja.)

Antes de concluir, la historiadora nos entrega un compendio exhaustivo de la historia de Real, aunque a ella no le guste ese lugar por razones muy particulares. Y para cerrar los relatos, la voz del escritor, utilizando un lenguaje intelectual, nos da primero su punto de vista y luego hace un resumen que bien podría haber sido el prólogo del libro, lo cual le da un giro de tuerca muy sui generis a la obra.

Por último, 14 voces por un real nos entrega "Un real", breve capítulo dedicado a estadísticas geográficas, climatológicas, demográficas, etc., sobre un pueblo del Altiplano potosino que en las últimas décadas se ha convertido en un icono entre cierto segmento de la población mexicana por el misticismo que supuestamente encierra, aunque algunas de las 14 voces digan lo contrario.

14 voces por un real, según ha expresado Homero Adame en algunas entrevistas y en presentaciones del libro, es un juego de palabras. "Si tú me das un real, yo te doy 14 voces", pero como el real dejó de ser moneda de circulación a partir de 1854, es difícil conseguir uno para adquirir el libro. Sin embargo, ese real se convirtió en el último capítulo que sin ser una voz per se, da un cierre magistral a la obra.

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Contenido

  • La fotógrafaPortada de 14 voces por un Real
  • El peregrino
  • El comerciante
  • La hipiteka
  • Los huicholes
  • Los gringos
  • La corredora de bienes raíces
  • Los buscatesoros
  • La lugareña
  • El ánima
  • El sacerdote
  • El político
  • La historiadora
  • El escritor
  • Un real

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14 voces por un real

Homero Adame

Secretaría de Cultura de San Luis Potosí / Verdehalago

México, 2007

Edición: Déborah Chenillo Alazraki

Corrección: Claudia Quezada

Mitos y leyendas de Nuevo León: anécdotas de los relojes de Lampazos y de Linares

domingo, 29 de junio del 2008 a las 03:33

Podríamos decir que hasta la tarde del 15 de junio de 2008, Lampazos y Linares tenían algo en común: sus tiempos estaban invertidos.

La frase popular "Cada quien cuenta su versión de los hechos" bien puede aplicarse aquí, toda vez que en ambas poblaciones neoleonesas se cuenta una anécdota sin precedentes que explica cómo ellas, al parecer, comparten una historia que la mayoría de sus habitantes desconoce, acaso porque nadie se tomó el acierto de consignarla en su debido momento, o bien, porque entró en el campo del olvido con el paso de los años. Es una historia de tiempo y de relojes, de la cual tenemos a continuación dos  versiones.

 

(Una versión de Lampazos)

En Lampazos hay gente que recuerda cuando llegó el reloj que tienen en la fachada de la parroquia. Aunque las fechas no se precisen, cuentan que las familias acaudaladas habían reunido una buena suma de dinero para adquirir un reloj que habrían de colocar en el campanario. Para ello, se formó una comisión que fue a Europa con el propósito de ver opciones y finalmente consiguió el mejor en disposición. A su regreso, dijo que sería un reloj muy fino, de cuatro carátulas, con una quinta más pequeña viendo hacia el interior de la torre, que serviría al relojero para ajustarlo o repararlo. La comisión había arreglado también todos los asuntos del traslado y explicó que el reloj llegaría en determinada fecha en el tren proveniente de Tampico. El entusiasmo de los pobladores fue generalizado.

Reloj de LampazosSe aproximó la fecha del arribo del reloj y el pueblo se vistió de fiesta. Para el día pactado, todo estaba listo y tanto la clase gobernante, como la eclesiástica, la elite social, el pueblo y hasta el telegrafista se dieron cita en la estación a esperar el tren, que ese día llegó a tiempo. La banda del pueblo no dejó de entonar sus melodías para aumentar la algarabía. Era tanta la emoción que nadie se percató de que fue el tren de Laredo el que llegó a tiempo y no el de Tampico.

Mientras tanto, como la oficina de telégrafos estaba sola en esos momentos, nadie estuvo para recibir un telegrama que trataron de enviar desde Monterrey, en el cual se explicaba que por una causa inesperada y, al parecer, por un malentendido, habían bajado el embalaje en Linares.

Llegó el tren y ¡también el reloj! Lo que nadie sabía fue que dicho reloj no era el destinado a Lampazos, sino que era el que iba para Linares. Ni siquiera las personas que lo habían comprado se dieron cuenta del error, quizá porque estaban tan emocionados como el resto de los vecinos.

Bajaron el pesado embalaje y lo llevaron al atrio de la parroquia, donde, con gran festín, colocaron el reloj en el campanario de la iglesia. Para ello, los obreros tuvieron que modificar el orificio previamente hecho con el afán de ajustar las dimensiones del reloj para que su única carátula se viera en la fachada.

A mucha gente, al igual que a sus compradores, se le hizo extraño que el reloj en cuestión no fuera tan suntuoso como les habían prometido, ni que tuviera cinco carátulas. Entonces concluyeron que habían sido estafados por la firma europea que se los vendió. Días después, cuando se enteraron del error, nadie se atrevió siquiera a sugerir que quitaran el otro o que fueran a Linares a reclamar el propio, aunque si presentaron una queja contra las autoridades linarenses, la cual no prosperó.

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(Una versión de Linares)

Cuentan algunas personas de Linares que el reloj que estuvo en la torre-campanario de Catedral hasta el pasado 15 de junio era robado, literalmente, pues no estaba destinado para esa ciudad.Campanario y reloj de Linares

Hace muchos años, la feligresía linarense aportó sus bilimbiques para comprar un reloj que engalanara la única torre de la iglesia. Sin pasarse de manirrotos, todos cooperaron y apenas reunieron lo necesario para adquirir un reloj de una sola carátula, poco suntuoso, pero eso era mejor que nada. Dicho reloj llegaría de Estados Unidos, en el tren de Laredo a Tampico.

Con bombo y platillo, se llegó la fecha programada. El tren de Laredo pasaría por Linares a la hora de costumbre; es decir, tarde como siempre. Sin embargo, alguien se enteró que en el tren proveniente de Tampico venía un reloj. Esa persona avisó a las autoridades linarenses y aunque éstas sabían que el suyo venía desde otro destino, de todas maneras formaron un comité que de inmediato fue a la estación con la esperanza de que hubiera un error. Y lo hubo, o hicieron que hubiera.

Por extraño que parezca, ese día el tren llegó a tiempo y, en efecto, traía un embalaje muy grande. La comisión linarense, entre dimes y diretes con el jefe de estación, arguyendo errores en el destinatario, pues "seguramente en Tampico se equivocaron al poner en la etiqueta Lampazos en vez de Linares", casi a la fuerza, si no es que a punta de pistola o con una buena "mordida", bajó el embalaje para llevárselo al centro. Como en pueblo chico el chisme corre pronto, cuando la comitiva y el reloj llegaron al atrio de Catedral, ya estaban todos los habitantes reunidos y la banda de música tocaba alegremente. Con gran jolgorio abrieron la enorme caja y a todos se les hizo extraño que el relojito que habían comprado era en verdad un reloj muy impresionante, de cuatro carátulas y otra adicional que serviría para que el relojero lo ajustara cuando fuese necesario. Todo mundo se sorprendió muchísimo por la calidad del mismo, pues a nadie se le hubiera ocurrido en su más aventurada fantasía que con tan poquito dinero se pudiera adquirir un reloj tan fino. Aunque todos intuyeron que debía existir un error, los del comité se encargaron de hacer correr el rumor de que se trataba de un regalo enviado del cielo.

Los obreros, que para entonces ya habían abierto un boquete en el lado poniente de la torre para dar cabida a la única carátula del reloj adquirido, se vieron obligados a expandirla y, además, abrir tres orificios más para que las cuatro carátulas se vieran desde los cuatro costados del campanario. Una vez terminado este trabajo, mientras la fiesta continuaba, colocaron el reloj en la torre.

Fue así como por muchas décadas Linares tuvo un reloj ajeno, disfrutó el sonido de las campanas que marcaban la hora y los cuartos de hora y muchas de sus generaciones vivieron con el tic-tac de un tiempo que no les correspondía.

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Mitos y leyendas de huachichiles: El Señor San José

domingo, 29 de junio del 2008 a las 03:28

Portada del libro

Ya está publicado el libro de Mitos y leyendas de huachichiles que ganó el Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda "Andrés Henestrosa" 2007, convocado por la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca y editado por ellos. Espero que pronto hagamos presentaciones en el Noreste y que pueda estar a la venta en las librerías.

Como adelanto, les comparto que este libro tiene 34 relatos de varios municipios de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas, todos del Altiplano donde habitó la etnia huachichil, ya extinta. El índice de la obra es el siguiente:

  • Introducción a cargo del Mtro. Eduardo Vázquez Martín
  • La rata vieja
  • Los gigantes y los huachichiles
  • El pájaro huachichil
  • El espíritu del peyote
  • Coyotes y coyoteros
  • La sierpe de siete cabezas
  • La rata de monte
  • La cruz de mezquite
  • La culebra y la Joya HondaPortada del libro
  • El lagarto
  • El ahuichote
  • Los jicos
  • El columpio de Satanás y las santas cruces
  • La bruja huachichil
  • Apariciones de ánimas indígenas
  • Un milagro de San José
  • La hacienda salinera y los huachichiles
  • El hacedor de lluvia
  • Los huachichiles en la hacienda de Peñasco
  • Charcas Viejas
  • El nombre de Guanamé
  • Las brujas y bolas de fuego
  • Todavía aparecen fantasmas huachichiles
  • Los cóconos
  • La cueva de las calaveras
  • Don Pantaleón y otros diableros
  • Petroglifos y sus creadores
  • El volcán de aire
  • Los duendes son zacatecos y huachichiles
  • Los huachichiles viven en otra dimensión
  • Vivieron un tiempo entre los huachichiles
  • Los wirraritari como descendientes de los huachichiles
  • Legados huachichiles
  • Los huachichiles en la posteridad

A continuación, les ofrezco uno de estos relatos, en su versión original, que es diferente a como salió publicado:

El Señor San José

(Cruces, Moctezuma, S.L.P.)

No, la imagen de San José no es aparecida, pero nadie sabe desde cuándo llegó. Es posible que la hayan traído los hacendados o que alguien se las mandó, pero no, nunca se apareció. De todos modos yo recuerdo pláticas de antes cuando decían que la Virgen sí se apareció una mañana y es que como ella es la esposa de San José, entonces vino aquí para estar con él.

Parece que a esta hacienda entraban los indios bárbaros que le llamaban los huachichiles. No, qué le cuento, eran un azote, una calamidad. Todo esto estaba despoblado, no había nada en los alrededores de la hacienda y por eso mismo había poca gente para protegerla. Los hacendados, como eran muy ricos, tenían de todas maneras aquí a varios trabajadores que se dedicaban exclusivamente a cuidar los predios de la hacienda y la casa grande. Pero la verdad es que no podían con los huachichiles aquéllos.

Mire, yo no los voy a defender, pero los huachichiles habrán tenido sus razones para venir a echarles pleito a los hacendados. Yo pienso que, más que nada, ellos lo que querían era defender lo suyo, sus tierras, porque después de todo aquí era de ellos y siempre fue de ellos hasta que los hacendados se las vinieron a quitar. Yo no los defiendo, pero tuvieron sus razones, y eran muy malos, eso sí; es que no tenían religión y tampoco estaban con Dios nuestro Señor. Ellos adoraban a algún espíritu de sus creencias o a lo mejor a alguna piedra; así eran las creencias de ellos. Como no estaban con nuestro Cristo, entonces por eso se comían a la gente.

Entonces parece que una vez vinieron esos indios y los vigilantes les hicieron guerra y ahí agarraron presos a unos cuantos. Entre ellos venía una mujer, india ella, igual de bárbara y muy peleonera. Dicen que eran muy carnívoros, que hasta se comían a la misma gente; muy brutos. No, no, algo muy feo. Los trajeron prisioneros y los amarraron aquí en el centro del solar (la plaza) y la gente venía a mirarlos con mucha curiosidad, y también con miedo de seguro. No, estando amarrados pues la gente sí se les acercaba porque andando sueltos quien quite se la comiera, porque así eran de brutos aquellos indios huachichiles.

Bueno, entonces cuentan que el hacendado les preguntó a esos indios que cómo había sido posible que ahora sí los hubieran agarrado porque, como le digo, muchas veces los indios salían ganando y siempre se escapaban, pero en esa ocasión sí los agarraron. Entonces la india respondió en su dialecto -casi no hablaban español- y de todos modos dijo: «Es que un hombre de hocica pachona nos aventaba puños y puños de tierra en los ojos y por eso nos ganaron».

-Disculpe, ¿qué es hocica pachona? -interrumpo a la narradora.

-Ah, es así como usted, barbado, de barba muy marcada, responde y continúa: Entonces el hacendado y sus caporales se preguntaron que quién era una persona barbada aquí en la hacienda porque no había nadie así. Lo que más se les hacía curioso era que tantos hombres, y todos armados, no podían con los indios y alguien solo y nomás con aventarles arena en los ojos pudo ganarles a estos indios.

Fue así como sacaron a conclusión que había sido San José. Y mire que también han platicado que cuando entraron el hacendado y su gente a la iglesia para agradecerle a San José, se dieron cuenta que sus manitas estaban sucias como de tierra.

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